quinta-feira, 23 de outubro de 2025

O LOUCO DE DEUS E O LOUCO SEM DEUS

Foi publicado no passado mês de Abril um livro, inesperado, do escritor espanhol Javier Cercas (n. 1962) com o título El loco de Dios en el fin del mundo.

O autor, membro da Real Academia Española, ateu convicto e anti-clerical notório, foi convidado (para sua surpresa), em Maio de 2023, por individualidades da Santa Sé, para acompanhar o Papa Francisco na sua viagem à Mongólia e escrever depois um livro sobre a viagem, sobre a Igreja, sobre o Vaticano e sobre o que lhe agradasse. Ao princípio, julgou tratar-se de uma piada, mas não era.

Ao longo de quase 500 extensas páginas, Javier Cercas descreve com brilho, precisão, informação cuidada, perspicácia e uma boa dose de ironia as suas impressões da viagem e a sua convivência com a Cúria vaticana e com o próprio Papa.

O escritor acabou por aceitar o convite lembrando-se de sua mãe: «Fue justo entonces, tras recordar esa visión salvífica, cuando me acordé de mi madre viva y de mi padre muerto, ambos católicos a machamartillo, me acordé de que, desde la muerte de mi padre, mi madre no paraba de repetir que iba a encontrarse con él después de muerta, y me dije que, si podía estar uns minutos a solas con el papa y hablarle de la resurreción de la carne y la vida eterna y preguntarle si era verdad que mi madre volvería a ver a mi padre, entonces tenía todo el sentido del mundo escribir aquel libro.» (p. 20). Embora não lhe fosse garantido a priori um encontro a sós com o Papa, mesmo por breves minutos, Cercas acedeu ao convite formulado, avisando os proponentes do risco que corriam com tão imprevisível ideia.

O livro começa pela descrição dos encontros que manteve no Vaticano com alguns dos mais destacados dignitários da comunicação social da Santa Sé, a fim de inteirar-se de uma série de questões relacionadas com o funcionamento de Cúria e as viagens papais. Reuniões que também aproveitou para interrogar os seus interlocutores sobre problemas da Fé, da Doutrina, da Igreja em geral.  Entre as personalidades contactadas distinguem-se o jornalista Paolo Ruffini, Prefeito do Dicastério para a Comunicação (o primeiro leigo a ser nomeado prefeito de um  dicastério romano) e o cardeal Tolentino de Mendonça, Prefeito do Dicastério para a Cultura e Educação, a quem dedica palavras elogiosas.

Também obtém uma audiência do cardeal Gianfranco Ravasi, presidente emérito do Pontifício Conselho para a Cultura, sobre o qual comenta: «Más preguntas: quiso decirme algo el cardenal Ravasi en el Palazzo di Spagna, con sus risas y sus sonrisas y sus citas en lenguas herméticas, y tal vez no se atrevió a decírmelo para no perturbar a los religiosos que nos escuchaban, para no perturbar a mi madre, para no perturbarme a mí? O lo dijo, pero no lo dijo abiertamente, y yo no acerté a entenderlo? Quiso decir el cardenal lo que a mí me pareció entender, y es que un católico no siempre está seguro de que después de la muerte lleguen la resurrección de la carne y la vida eterna, y que estas dudas procuran angustia y desasosiego, como se las procuraron a san Manuel Bueno, mártir? O, por el contrario, quiso decir que la resurrección de la carne y la vida eterna no deben tomarse al pie de la letra, como se lo tomam mi  madre y millones de cristianos, sino de una manera simbólica, igual que si fueran figuras poéticas de una grandiosa composición teológica conocida como cristianismo? Acaso intentó decir que, en realidad, ni el papa ni los cardenales creen en Dios, no al menos con la convicción con que cree mi madre, con la fé sin preguntas de los feligreses de Valverde de Lucerna, con la fe proverbial del carbonero? Fue por esa razón por la que todas las personas a quienes propuse el test de resistencia del libro sobre el papa sugirieron que, a mi pregunta por la resurrección de la carne y la vida eterna, Bergoglio respondería con una evasiva (una metáfora, un circunloquio, una cita evangélica, la glosa de un pasaje bíblico), que el papa no diría que no creía que ma madre no volvería a ver mi padre después de muerto, porque no podía decirlo, pero tampoco que sí lo creía, porque no se atrevería a decírselo a un maldito intelectual ateo?» (pp. 40-41)

Javier Cercas discorre sobre Francisco de Assis, que foi chamado o "louco de Deus" e lembra que Jorge Bergoglio, ao escolher o nome pontifício de Francisco, é também um "louco de Deus", com uma vocação missionária que evoca a Ordem dos Frades Menores.

Dissertando sobre religião, escreve Cercas: «por eso escribe Nietzsche, en Ecce Homo, que el cristianismo representa "la negación de la voluntad de vida hecha religión", o, en El ocaso de los ídolos, que hay en Dios "una declaración de guerra a la vida, a la Naturaleza, a la voluntad de vida" y que la concepción cristiana de Dios "es una de las más corruptas alcanzadas sobre la Tierra"; por eso añade en El Anticristo que, como el cristianismo "se ha erigido en defensor de todos los débiles, bajos y malogrados", esa religión transforma en ideal el "repudio de los instintos de conservación de la vida pletórica" y considera "al hombre pletórico como hombre típicamente reprobable, como 'réprobo' ". Una vez que abandoné la fe cristiana, yo soñaba con transformarme en uno de esos hombres fuertes de Nietzsche, réprobos y reprobables, uno de esos insumisos que no se resignan a su propia debilidad ni aceptan servidumbre ni mentira alguna - empezando por la mentira de la religión -, uno de esos superhombres veraces y aspirantes a la autonomía individual que copian el gesto soberbio del ángel caído y su grito rebelde de guerra ("Non serviam!"), uno de esos espíritus libres poseídos como se lee en La voluntad de poder, "por la voluntad incondicional de decir no allí donde el no es peligroso".» (pp. 45-46)

Não posso deixar de transcrever esta passagem, com a qual concordo em absoluto:

«En qué quedamos, entonces: es Francisco un papa de izquierdas o de derechas? No cabe ninguna duda de que hoy, en muchos sentidos, Bergoglio se halla politicamente más a la izquierda que sus predecessores en la silla de san Pedro; tampouco de que la izquierda se siente próxima a él por su énfasis en la igualdad, en la justicia social y en la solidaridad con los desfavorecidos, así como por su rechazo a lo que alguna vez llamó el "ultraliberalismo individualista" y el "hedonismo consumista". Desde esta perspectiva, no sería inexacto considerar su papado como una reacción frente al conservadurismo de Juan Pablo II, que mezcló la defensa de la cristandad tradicional con la connivencia o el apoyo a ideologías políticas reaccionarias y sufocó o relegó la vocación social de la Iglesia.» (pp. 56-57)

A propósito do humor de Bergoglio:

«En el otoño de 2021 aparicieron en las paredes del Vaticano unos pasquines escritos en dialecto romanesco donde se le acusaba de haber decapitado a la aristocrática y tradicionalista  Orden de Malta por forzar la dimisión de Matthew Festing, su reaccionario prior. Un periodista del diario alemán Die Zeit le interrogó al respecto, y el papa elogió la belleza de los pasquines, añadió que eran claramente "obra de una persona muy cultivada". "Alguien por aqui?", preguntó el periodista, refiriéndose al Vaticano. "No", replicó Bergoglio. "He dicho una persona cultivada". Chesterton hubiera aplaudido.» (p. 64)

Sobre o louco de Nietzsche:

«El loco de Nietzsche es un demente que enciende un farol en pleno día y corre al mercado gritando: "Busco a Dios! Busco a Dios!" La gente se ríe del loco, mientras él se pregunta, retóricamente: "Que adónde se ha ido Dios? Os lo voy a decir", se contesta. "Lo hemos matado: vosotros y yo. Todos somos su asesino!" Y a continuación suelta un epigrama como un grito terrible cuyo eco todavía no se ha extinguido: "Dios ha muerto, e nosotros lo hemos matado!" Ese grito es de alegría o de pena? Hace feliz al loco la muerte de Dios, la liberación de la eterna autoridad suprema, el final de aquello que siempre ha impuesto normas y limites, pero también ha otorgado sentido a todo? Está satisfecho el loco con ese crimen? No: está desesperado: para el loco, la muerte de Dios no es un acontecimiento gozoso: es un acontecimiento atroz, que no depara al mundo alegría sino desolación. "Cómo hemos podido hacerlo?", se pregunta el loco, incapaz de dar crédito a aquella enormidad. "Cómo hemos podido bebernos el mar? Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? Quê hicimos cuando desencadenamos la Tierra de su Sol? Hacia dónde caminará ahora? Hacia dónde iremos nosotros? Lejos de todos los soles? [...] Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? [...] No es la grandeza de este acto demasiado grande para nosotros?" Éste es el loco de Nietzsche: un loco sin Dios, pero también un loco que no está loco, o no del todo, uno de esos locos lúcidos que, como don Quijote, son más lúcidos que los cuerdos porque ven más allá que los cuerdos, más allá de lo que son capaces de ver los hombres comunes y corrientes, aquellos que solo saben reírse de él.» (pp. 84-85)

Sobre os abusos sexuais:

«-Entonces cómo vamos a exigirle a un pobre cura perdido en medio de África que sea siempre sublime, que no ceda a sus impulsos? No es pedir demasiado? No es, de algún modo, pensar que el cura es capaz de hacer aquello que los demás no podemos hacer? No es esto una forma secreta de clericalismo? No es lógico que este cura, en un momento de debilidad, acabe haciendo de mala manera cosas que hubiera debido hacer de buena manera? En fin, padre Spadaro [sacerdote jesuíta, exercendo o cargo de subsecretário do Dicastério para a Cultura e Educação desde 2024]: el sexo no forma parte del amor? Cómo es possible que la Iglésia tenga una relación tan complicada con él, a menudo tan poco saludable y tan retorcida, por no decir tan perversa?

- Me has hecho muchas preguntas ...

El reproche, formulado con una sonrisa indulgente, es justíssimo, y me disculpo por mi vehemencia (o por mi charlatanería). Ahora el padre Spadaro no tiene necesidad de reflexionar; sin duda lo ha hecho mientras me escuchaba.

- Lo primero: no se debe confundir el problema de los abusos con el celibato - dice - . Son cosas distintas: los abusos ocurren sobre todo en la familia. No tienen nada que ver con el celibato.

Silencio.

- Está seguro? - pregunto.

- Uno no abusa de menores porque no está casado.

- No, pero quien no está casado también tiene sus necesidades sexuales y, si no las satisface por las buenas, es lógico que pueda acabar satisfaciéndolas por las malas. Para la Iglesia, el matrimonio da salida a las pulsiones sexuales, pero si las mantienes encerradas...

- Insisto: son cosas distintas. La mayor parte de los abusos de menores de dan em familia, con personas casadas que abusan de los menores. Así que... Y otras dos cosas que hay que separar son la homosexualidad y la pederastia: son dos problemas diferentes. En cuanto al celibato, es verdad: puede ser duro, difícil de asumir. Pero no creo que el marimonio sea la solución de todos los problemas... Eso lo vemos en otras religiones, el protestantismo o el anglicanismo o la Iglesia ortodoxa, donde les sacerdotes pueden casarse. Así que no creo que sea la solución. Aunque es verdad que hoy, en la Iglesia católica, el problema se plantea con más fuerza que nunca. De todos modos, insisto, el celibato no está ligado al abuso.

- Se refiere al abuso de los niños. Pero el abuso no es solo de los niños: es también de las mujeres. El celibato tampoco guarda ninguna relación con el?

Por toda respuesta, Spadaro resopla, indeciso.

- Está seguro de que tampoco guarda relación con la pederastia? - porfío -. Un hombre no puede encontrar una válvula de escape a sus urgencias sexuales en las relaciones con niños?

- No lo sé. - Spadaro me enseña las palmas de sus manos, como si tratase de protegerse con ellas -. No soy un experto: quizá es mejor hablar con los expertos. Pero yo entiendo  que son dos cosas distintas: una es tener propensión hacia los menores y otra es ser una persona que siente la soledad, que necesita satisfacer sus necesidades y más bien buscaría a alguien de su edad, no a un niño.

- Sí, ésa es la conclusión a que llegaron los expertos reunidos por el papa. Pero, con franqueza, no mi parece muy convincente; ni a mí ni, por cierto, a bastantes sacerdotes, que viven en sus carnes el problema. Insisto: un sacerdote tiene los apetitos sexuales que todos tenemos y, si no encuentra forma legítima de darles salida, al final la salida puede ser ilegítima. Con mujeres o con niños dóciles a su autoridad. Es lógico. Y yo me pregunto si a un cura se le puede exigir lo que no se le exige a ningún otro ser humano, y me pregunto también si esa exigencia no es una manifestación de clericalismo.

- El riesgo existe, es verdad - acepta Spadaro -.  Creer que el cura está por encima del deseo sexual es un error y sería en efecto una forma de clericalismo. Sí. Lo que yo digo es que los abusos a niños los cometen tanto los célibes como los casados y por lo tanto el celibato y los abusos de menores son problemas distintos. Otro asunto es la soledad del sacerdote...» (pp. 110-111-112)

O encontro com o cardeal Tolentino:

«Con el cardenal Tolentino ocurre algo insólito: la conexión es instantánea. El cardenal es poeta y la conexión la crea la poesía; o más exactamente: un poeta; o más exactamente: un poema. Cuando me recibe en la sede del Dicasterio para la Cultura y la Educación, en el palazzo delle Congregazioni, plaza Pio XII, junto a la basílica de San Pedro, al cardenal le falta tiempo para bromear sobre la aspereza de la vida de los escritores y las servidumbres de la vida literaria - los viajes, los festivales, las lecturas públicas -; luego menciona a un poeta surealista portugués, amigo suyo: Mário Cesariny.

- No se si lo conoces.

- Por supuesto.

El cardenal clava en mí unos ojos ilusionados.

- No puede ser.

Mi respuesta consiste en recitar un poema de Cesariny que de joven recitaba a voz en grito en mis noches alcohólicas:

Al final lo que importa no es la literatura

ni la crítica de arte ni la cámara escura.

Enardecido como un poeta adolescente, el cardenal se suma a mi recitado, pero en seguida me deja seguir solo, como si quisiera comprobar que me sé de memoria la pieza de su compadre; hasta que llego a mi estrofa favorita:

Al final le que importa es no tener miedo: cerrar los ojos frente al precipicio

y caer verticalmente en el vicio.

Celebramos esos versos salvajes con una carcajada común.» (pp. 118-119)

A conversa prossegue com o cardeal Tolentino sobre literatura e a ilha da Madeira, e a certa altura há uma referência ao escritor português Valter Hugo Mãe:

« El cardenal José Tolentino de Mendonça es portugués (de Machico, en la isla de Madera), habla un italiano com resonancias portuguesas y se comporta con una dulzura y una humildad portuguesas; fisicamente es pequeñito, muy moreno, casi calvo. Ha publicado tantos libros eruditos como su predecesor en el Dicasterio, el cardenal Ravasi, con quien años atrás hablé sobre literatura y religión en el palazzo di Spagna; su poesía le ha valido todos los premios de su país. "Ojo con él", me dijo meses después de nuestro encuentro el escritor Valter Hugo Mãe. "Es el mejor poeta actual de mi lengua. Merecería ser premio Nobel. Y Papa".» (p. 120)

[Permita-se-me um aparte: Não sei se Javier Cercas está a gozar connosco, com Mãe, com Tolentino ou se é mesmo ignorância]

Continuando com Tolentino:

«- Nosotros, los occidentales, tenemos una historia difícil de lucha entre razón y fe - dice el cardenal con su voz densa, aterciopelada -. Pero yo, como europeo, considero que esa lucha non conduce necesariamente al ateímo. Dostoievski, por ejemplo, decía: "Mi fe surge del horno de mis dudas". Así que podemos pensar que incluso las preguntas más extremas que la razón occidental ha hecho pueden ser un componente de la fe. Y seguramente la fe del papa Francisco no es una fe que se no hace preguntas. Yo creo que a él le gusta tanto hablar con laicos porque comprende los retos, las dificultades de la fe. También creo que la razón puede purificar una fe demasiado fácil. Creer no debe ser demasiado fácil. Flannery O'Connor decía: "Creer es más difícil que no creer".» (p. 132)

Sobre a Ucrânia:

«Al llegar a mi dormitorio de la Casa Paolo VI me tumbo en la cama a leer los periódicos con mi iPad. En El País leo una noticia a toda página sobre el papa, o más bien sobre el papa y sobre la guerra que devasta Ucrania desde hace año y medio. "El papa Francisco enfurece a Ucrania al elogiar el pasado imperial ruso", reza el título; y la entradilla: "Líderes religiosos y políticos piden explicaciones al Vaticano en una nuova polémica protagonizada por el pontífice y sus palabras próximas al discurso del Kremlin". Lo ocurrido es un ejemplo de la famosa imprevisibilidad de Bergoglio: tras un discurso por videoconferencia dirigido a jóvenes católicos de San Petersburgo, el papa improovisó unas palabras en las que los animaba a sentirse orgullosos de su pasado ruso; el problema es que, en vez de citar a Pushkin y Dostoievski, el papa evocó a Pedro el Grande y Catalina II, los mismos representantes de "la gran Rusia" - expresión venenosa utilizada también por el papa - que esgrime Vladimir Putin para justificar la invasión de Ucrania. Es obvio que la improvisación de Francisco fue malinterpretada o tergiversada tanto por los ucranianos (que abominaron de ella por considerarla una defensa de Putin) como por los rusos (que la celebraron por idéntico motivo): el papa no pretendía aplaudir la invasión rusa de Ucrania ni animar a los jóvenes ctólicos rusos a sumarse a ella; no es menos obvio, sin embargo, que sus palabras fueron como mínimos torpes y sus ejemplos como mínimo infelices, y que él mismo se ha ganado a pulso todos los malentendidos con la tibieza de su postura frente a esa guerra: baste recordar que en junio de 2022, cuatro meses después del inicio de la invasión rusa, Francisco declaró que ésta "había sido quizá provocada o no evitada" por la OTAN. Un hecho parece en cualquier caso transparente: el papa Francisco padece unos recelos antiamericanos y una mentalidad de la guerra fría - ambos del todo comprensibles en un latinoamericano de su generación - que le ciegan a la obviedad de que la guerra de Ucrania es, en lo esencial, una simple, salvaje y anunciada agresión imperialista ejecutada friamente por un tirano que sueña con reconstruir con la Rusia actual el imperio abolido de los zares.» (pp. 138-139)

[Neste ponto há que reconhecer que o papa Francisco tinha toda a razão. Javier Cercas deve estar confuso, o que se lamenta num escritor tão laureado como ele, ou então, na pior das hipóteses, ainda que não de todo descartável, trata-se de um avençado de George Soros ( György Schwartz).]

Onde o autor se confessa ex-toxicodependente:

«Karl Marx observó famosamente que la religión es el opio del pueblo. En lo que a mí respecta, acertó de lleno: la prueba es que, cuanto abandoné el catolicismo a raíz de la lectura de San Manuel Bueno, mártir, me lancé en busca de drogas alternativas; la más potente, eficaz y duradera ha sido la literatura, pero he consumido muchíssimas otras, incluido el alcohol, el tabaco, la marihuana, el hachís y la cocaína. De unos años para acá, sin embargo, la que más me pone (aparte de la literatura) es correr, así que cada mañana corro durante cincuenta minutos; se trata de una droga brutalmente adictiva: si no corro un día, me pongo nervioso; si no corro dos días, me pongo nerviosísimo; si no corro tres días, me entran ganas de practicar el canibalismo.» (p. 140)

Após as reuniões no Vaticano para se familiarizar com os organismos da Igreja Católica e com o pensamento do Papa, e para lhe ser explicado o objectivo da visita de Francisco e os procedimentos inerentes, Javier Cercas embarca no avião papal. 

«De modo que aquí estoy yo, ateo y anticlerical, laicista militante, racionalista contumaz e impío riguroso, volando en dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, esperando que termine de saludar a los vaticanistas y que llegue mi turno para poder interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna, para que me diga si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, para escuchar su respuesta y llevársela a mi madre. He aquí un loco sin Dios persiguiendo al loco de Dios hasta el fin del mundo.» (p. 211) 

Durante o voo, o autor terá obtido alguns minutos a sós com o Papa, assunto que abordaremos no fim.

Em Ulan Bator, capital da Mongólia, Javier Cercas encontra-se com diversas personalidades locais e visita diversos locais religiosos e profanos. Francisco é recebido solenemente pelo presidente Ukhnaagiin Khürelsükh e pelos dignitários oficiais. O autor conversa com o cardeal Giorgio Marengo, bispo italiano da Prefeitura Apostólica de Ulan Bator e com o célebre missionário padre Ernesto Viscardi.

Além do budismo e do xamanismo, preponderantes, existem confissões cristãs na Mongólia: católicos (poucos), protestantes (os mais representados), mormones, evangélicos, ortodoxos.  

A visita do papa à Mongólia mostra o interesse de Francisco pelas pequenas comunidades católicas longínquas, mas também é certo, que nunca tendo podido visitar a Rússia e a China, o Papa aterrou entre os dois países, o que encerra sem dúvida um significado não despiciendo na diplomacia pontifícia.

Não cabe obviamente neste texto a descrição da estada da comitiva papal na Mongólia.  

De regresso ao Vaticano, Javier Cercas volta a encontrar-se com algumas das personalidades com quem se avistara antes da partida. E com outras pela primeira vez, como é o caso da sua reunião com o cardeal Víctor Manuel "Tucho" Fernández, prefeito do Dicastério para a Doutrina da Fé. Escreve o autor:

«El Gran Inquisidor.

Así es como llamo para mis adentros a Víctor Manuel "Tucho" Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, antiguo Santo Oficio, antigua Inquisición, desde que Fazzini me anunció que tal vez podría conversar con él. El Gran Inquisidor: como el personaje de Los hermanos Karamázov (o de la leyenda que Iván Karamázov le cuenta a su hermano Aliosha en la novela de Dostoievski), aquel individuo que le exige a Jesucristo resucitado que regrese a su tumba para que la Iglesia pueda seguir administrando su legado y convertiendo su mensaje emancipatorio de amor en un mensaje de terror y sumisión nacido de un concepto del hombre espeluznantemente lúcido y enteramente opuesto al de Jesucristo ("Para el hombre no hay preocupación más constante y atormentadora", dice el Gran Inquisidor, "que la de buscar cuanto antes, siendo libre, ante quién inclinarse").

Lo cierto sin embargo es que, al menos a primera vista, el Gran Inquisidor de Francisco no pede ser más opuesto al Gran Inquisidor de Dostoievski. Es último es un anciano de casi noventa años, aalto, sombrío e intimidante, de cara enjuta y ojos hundidos, que viste un hábito monacal viejo y tosco; tiene unas pobladas cejas canosas y su mirada centellea "con siniestro fuego"; no menos siniestros son los auxiliares, los esclavos y la guardia que lo acompañan. El Gran Inquisidor de Bergoglio, en cambio, se presenta solo en la sala de reniones que Fazzini nos ha cedido y, si no fuera por su clergyman yo nunca habría adivinado al heredero de Torquemada en este tipo calvo, longilíneo y sonriente, con un no sé qué de pingüino (ou tal vez de cigüeña, o tal vez de una mezcla imposible de pingüino y cigüeña), un hombre que me estrecha la mano buscándome los ojos con una curiosidad afable.» (pp. 435-436)

Do longo diálogo com o cardeal retenho:

«Padre Fernández, podría explicarme a qué se dedica hoy el Santo Ofício?

Mi interlocutor responde sin vacilar.

- Históricamente, el Santo Ofício buscaba preservar la integridad de la fe, impedir que se produjeran errores doctrinales - cuenta -. Y, claro, es verdad: en su momento llegó a extremos terribles, como el de Giodano Bruno, quemado vivo en la hoguera, o como los de la Inquisición española, solo superada en crueldad por la Inquisición calvinista, mucho peor que la nuestra... Inquisición y Santo Ofício eran lo mismo, en aquella época. Luego, con el tiempo, la Inquisición desapareció y el Santo Ofício mantuvo esa función de cuidado de la integridad de la fe. Y a principios del siglo XX, cuando la Iglesia dio sus batallas contra el Modernismo teológico y acabó condenándolo, el Santo Ofício (y más tarde el actual Dicasterio para la Doctrina de la fe) funcionó casi como un servicio de inteligencia, como un sistema de control; no se quemaba ni se torturaba a nadie, como en tiempos de la Inquisición, pero también era una fuente de sufrimiento y de miedo...» (p. 440)

Também:

«- Cual va a ser la misión del Santo Ofício durante su mandato? El papa le ha encargado renovarlo?

El prefecto apura el vaso y lo deja frente a él.

- Hace un par de meses, a principios de julio, el papa me mandó una carta. En ella me decía que era necesario hacer algunos cambios en el dicasterio, de tal manera que se convierta en un lugar de fomento del pensamiento teológico y la investigación... Nada de salir a la caza de herejes y herejías. - "El dicasterio que presidirás", escribió Bergoglio en esa carta, "en otras épocas llegó a utilizar métodos inmorales. Fueron tiempos donde más que promover el saber teológico se perseguián posibles errores doctrinales. Lo que espero de vos es sin duda algo muy diferente" -. Si a alguien se le acusa de algo, el dicasterio debe ser un espacio de debate con esta persona, un instrumento que nos permita averiguar se tiene una inquietud legítima que tal vez hay que tener en cuenta, o si algo que a simple vista parece un error puede ser en realidad un intento de desarrollar un aspecto o un problema que ha sido olvidado, o que no ha sido suficientemente pensado en la Iglesia. Cosas de ese tipo... En definitiva, lo que el papa me ha pedido es una reconfiguración del dicasterio en esa línea más abierta, ponderada y tolerante: sustituir las sanciones por el diálogo, la persecución por la reflexión.» (pp. 446-447)

Continuando:

«Admiro el pragmatismo humilde del Gran Inquisidor de Bergoglio - que horrorizaría al Gran Inquisidor de Dostoievski -, pero a mí el argumento de Pascal me sigue pareciendo de una mezquindad hedionda: un win-win hipocritón y ventajista de merchachifle de Dios.

Me explico.

Existe una ética religiosa y una ética laica, una ética cristiana y una ética atea; hay quien piensa que la primera es superior a la segunda: al menos desde que perdí a la fe en Dios gracias a Unamuno y a Nietzsche (o por culpa de ellos), yo pienso exactamente lo contrario. la oposición entre una y otra ética se encierra en dos versículos casi calcados, uno de un evangelio auténtico y otro de un evangelio apócrifo, uno obra de san Mateo y otro de Jorge Luis Borges. El versículo de san Mateo dice:

Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios.

Por el contrario, el versículo de Borges dice:

Bienaventurados los de limpo corazón, porque ven a Dios.

Del futuro de san Mateo al presente de Borges: ahí radica la diferencia minúscula y descomunal entre ambas éticas.» (p. 457)

No fim do livro, Javier Cercas transmite à mãe o que o papa Francisco lhe disse na breve conversa do avião, e que ele filmou. Transcrevo algumas frases:

- Con la resurrección de Cristo se plantó la semilla de la resurrectión de toda la humanidad. Con el bautizo entramos ya en ese mundo.

- Como dice san Pablo,"si no creemos que Jesucristo resucitó, vana es la fe". (p. 474)

Não cabe neste texto, que vai já muito longo, a descrição integral da conversa com o papa.

* * * * * 

Trata-se de um livro indubitavelmente muito bem escrito. que combina a crónica e o ensaio com a biografia e a auto-biografia. Todavia, a repetição de vários temas, sem necessidade aparente, alongando (inutilmente) a obra com o risco de quebrar o ritmo enunciado, conduz o leitor a pensar que Javier Cercas o fez com o deliberado propósito de publicar um volume particularmente extenso. 

sábado, 4 de outubro de 2025

KOLKHOZE

«Cette nuit-là, rassemblés tous les trois autour de notre mère, nous avons pour la dernière fois fait kolkhoze.» 

 * * * * *

Foi publicado este mês Kolkhoze, de Emmanuel Carrère (n. 1957), certamente um grande livro, grande no tamanho (cerca de 600 páginas) e grande na qualidade, uma obra em que o autor conta a história dos seus antepassados russos e georgianos, em especial de sua mãe, Hélène Carrère d'Encausse (1929-2023), que foi secretário perpétuo (no masculino) da Academia Francesa.

Este livro recorda-me outro, ainda que em registo diferente, esse roman-fleuve que é Les Bienveillantes (2006), de Jonathan Littell. Em ambos, e parcialmente, o Leste e a Ucrânia estão em pano de fundo.

Em Kolkhoze, Emmanuel Carrère conta a história da família, recuando três gerações, com destaque para si mesmo, para a mãe, para o pai, para o tio materno. E insiste que um retrato deve exprimir, na imagem, a personalidade, a época e a classe social do retratado. E na literatura também. Dada a abundância de personagens, lamenta-se que o autor não tenha incluído em apêndice a sua árvore genealógica, o que facilitaria a identificação dos ascendentes ao longo da obra, já que, antes de serem franceses, eles foram georgianos, russos, alemães e outras.

Pleno de ironia, de curiosidades, de fantasias, de recordações, talvez de arrependimentos, o livro, que não é nem um romance, nem uma biografia, nem uma autobiografia, nem um ensaio, nem uma crónica, mas tudo isso e mais, constitui em parte um ajuste de contas com a mãe, essa grande sacerdotisa da Academia Francesa, e com a paixão dela pela Rússia, essa Rússia contra a qual o autor por vezes se indigna, seja a do Império, a Soviética, ou a da actual Federação. E serve-lhe também de confessionário das suas virtudes e sobretudo dos seus vícios, das suas depressões e internamentos, das suas consultas de psicanálise, da sua condição bipolar e até dos seus jantares bem regados e "charrados", como o do restaurante Petrovitch, com Simon Sebag Montefiore (pp. 56 e 132).

Hélène Zurabichvilli, nascida apátrida em Paris, de pai georgiano e de mãe germano-russa (imigrantes), naturalizada francesa, dotada de uma vontade indomável, subiu a pulso todos os degraus da hierarquia cultural e social da França. A sua morte foi evocada solenemente nos Invalides, com honras militares, a presença da nomenclatura cultural, política e social e um discurso do presidente Emmanuel Macron: «Et maintenant c'est à vous, vous la petite-fille des steppes et la mère de la Coupole, l'apatride et la matriarche, l'orpheline et la tsarine, que la France endeuillée présente une dernière fois ses hommages. Vive la République! Vive la France!»

 

Hélène Carrère d'Encausse

As relações de Emmanuel Carrère com a mãe, a quem aliás amava, nem sempre foram as melhores. Por um lado, o afastamento dela do marido, Louis Carrère d'Encausse (desde muito cedo passaram a fazer leitos separados), da classe média francesa, funcionário de uma seguradora e que sempre se reviu na ascendência da mulher, causava-lhe (ao filho) tristeza. Por outro lado, o fascínio da mãe pelo mundo eslavo, e em especial pela Rússia, Vladimir Putin incluído, menosprezando a sua ascendência georgiana, indignava-o. Houve também um caso que motivou a que estivessem dois anos sem se falar. Em 2007, Carrère publicou Un roman russe, onde narra aspectos da vida familiar, entre os quais o facto de seu avô, Georges Zurabichvilli (pai da mãe) ter desaparecido em Bordéus (onde a família se refugiara) em 1944 aquando da libertação da França da ocupação nazi. Georges terá tido contactos com os alemães, embora nada indique que tenha sido um colaboracionista. Mas admite-se que tenha sido fuzilado por elementos da Resistência. Hélène sempre ocultou as circunstâncias da morte do pai e foi Nicolas (irmão de Hélène) quem contou ao sobrinho esse e outros episódios da história da família. A profunda ligação de Emmanuel ao seu tio Nicolas provocou sempre em Hélène um profundo ciúme.

Por curiosidade, cito da página 272 uma referência de Carrère a alguns dos seus companheiros de infância, um dos quais se chamava Dos Santos, não deixando o autor de mencionar (dont la maman était concierge). Sabemos que muitas das emigrantes portuguesas foram "concierges" de prédios francesas.

Importa mencionar que o célebre orientalista francês o judeu-russo marxista Maxime Rodinson, que orientou a tese de doutoramento de Hélène, manteve por ela uma clara paixão a que esta nunca cedeu. Mas ele constituiu sempre para a futura secretário perpétuo da Academia Francesa uma referência e uma amizade e frequentou a sua casa. Nunca tendo sido comunista, Emmanuel afirma que sua mãe foi influenciada pelo raciocínio marxista, que a acompanhou durante toda a vida.

Tendo vivido separada do marido (na prática que não oficialmente), Hélène chegou a ter um amante, um embaixador francês que pretendeu que ela abandonasse marido e filhos para viver com ele, o que ela, naturalmente recusou. Era uma opção que não se compaginava com o seu estilo de vida. Também Louis Carrère d'Encausse teve, secretamente e por escasso tempo, uma amante. Quando descobriu o caso, Hélène forçou o fim imediato dessa ligação. É que, apesar de não coabitarem intimamente, ela era extraordinariamente ciumenta.

Hélène Carrère d'Encausse especializou-se na história da Rússia e notabilizou-se por ter profetizado a queda da União Soviética no seu célebre livro L'Empire éclaté (1978), embora as razões tenham sido diferentes daquelas que então aduziu. A sua obra é vasta, ensinou na Sorbonne e em várias universidades estrangeiras, pertenceu às academias de diversos países, recebeu condecorações um pouco por todo o mundo. A sua vida confunde-se de alguma forma com a cultura da França e com a glória da Rússia. Mesmo com a invasão da Ucrânia, recusou contradizer-se abertamente relativamente às suas afirmações anteriores de que não haveria invasão, usando subterfúgios para o efeito. É por este motivo que Emmanuel, educado durante anos num ambiente russófilo, admitirá no livro que "la Russie est pour moi une affaire de famille".

 

Hélène Carrère d'Encausse no Kremlin em 2000, em entrevista com Vladimir Putin

Importa não esquecer que Carrère visitou algumas vezes a Rússia, a Geórgia, a Ucrânia, e encontrou-se em Tbilissi (quando eu estudei era Tiflis) com sua prima Salomé Zurabichvilli, que é hoje a presidente da Geórgia.

Algumas transcrições:

«Dans 1984, chacun doit chaque jour participer à deux minutes de haine collective. La télé russe martèle cette haine 24 heures sur 24. 24 heures sur 24, c'est la même incantation: l'Occident veut la mort de la Russie mais la Russie vaincra comme elle a toujours vaincu parce qu'elle est la Troisième Rome et que sa vie est misérable mais que son âme est forte, alors que la vie de l'Occident est agréable mais son âme est faible, dégénérée, minée par les LGBT+, les woke, les écologistes, les nazis et les pédophiles. "La raison de l'opération militaire spéciale, dit le ministre des Affaires étrangères Sergueï Lavrov - celui avec qui Salomé se flattait de négocier dans le respect mutuel -, la raison de l'opération militaire spéciale réside dans le contentement de soi des pays occidentaux depuis la fin de la Deuxième Guerre mondiale." "Vous avez la belle vie, nous on vit dans la merde": c'est ce qu'on me disait déjà à Koltenitch. Mais à Koltenitch, au début de ce siècle, ils avaient encore honte de vivre dans la merde. Ceux qui vivaient dans la merde, Poutine leur a rendu la fierté. Vivre dans la merde est le signe de leur élection. Ils sont le sel de la terre. Ils font peur à nouveaux: aux pédés, aux trans, à tous ces déviants dont le "contentement de soi" offense la Russie. Il est bon de faire partie de cette foule qui fait peur, il est bon de haïr ceux qui n'en font pas partie. Ceux-là, on leur pourrit la vie sur les réseaux sociaux, on les pourchasse, on trace de grands Z sur leurs portes. La lettre Z, à l'origine un marquage militaire, est devenu le symbole du soutien à l'opération spéciale, aux soldats, au président. On la voit partout. On en badigeonne les blindés, les murs, les statues de Lénine, les portes de salon de coiffure. On se la tatoue sur le front, on se rase le crâne en traçant sa marque. Les enfants des écoles se rassemblent pour former d'immenses Z, qu'on voit du ciel et montre à la télévision. Le Z est la croix gammée du poutinisme. Entre Z et non-Z, la division est partout: au travail, dans les familles. Le mari ne parle plus à sa femme, le frère á son soeur.» (pp. 440-441)

 

Hélène Carrère d'Encausse no Kremlin em 2009, recebendo de Dmitry Medvedev a Ordem da Honra da Rússia

É evidente que Emmanuel Carrère exagera e empresta à narrativa uma boa dose de fantasia, quiçá fruto da sua bipolaridade. Mas transcrevi porque convém reconhecer que existe na Rússia muita gente que apoia a política de Vladimir Vladimirovitch Putin, certamente muito mais do que metade da população segundo as estatísticas que são periodicamente divulgadas pelos mais variados órgãos de comunicação social.

Sobre Catarina II, Carrère escreve:

«Mon travail, au café du port, consiste à lire et annoter, parallèlement, la biographie de Catherine II par ma mère et celle de Potemkine par Simon Sebag Montefiore - l'historien anglais qui m'avait surnommé, rappelez-vous, the unstoppable herring eater , l'inarrêtable mangeur de harengs. Ma mère décrit Catherine grande politique mais aussi intelectuelle de haut vol, correspondant avec Voltaire, Grimm, Diderot - Diderot qui, séjournant à Saint-Pétersbourg, lui meurtrira le genou à force de la malaxer en lui expliquant comment gouverner la Russie. Je ne suis pas surpris que ma mère passe beaucoup plus vite sur l'impressionant appétit sexuel de l'impératrice, mais là-dessus on peut compter sur Simon Sebag Montefiore, ami de l'anecdote et du potin, intarissable sur la passion qui a fait de Catherine et de son favori "des fournaises humaines, réclamant une quantité infinie de combustible sous forme de désir, de gloire, d'extravagance". Dans un mélange bien à eux de français et de russe, ils échangent où qu'ils soient plusieurs billets par jour, portant à quelques lignes d'intervalle sur la conduite de l'Empire et sur la façon dont ils feront l'amour quand ils se retrouveront. Potemkine était un ogre, un fauve, beau et laid, d'une folle bravoure. Quand la frénésie sexuelle décline, ils cessent d'être amants pour devenir d'indéfectibles partenaires. Catherine, "qui ne pouvait pas rester san amour pendant une heure", continuera jusqu'à l'âge de soixante douze ans à avoir des amants. C'était une fonction á la Cour. On commençait pour y accéder par être aide de camp de Potemkine, qui donnait son feu vert ou non. Le nouveau venu vivait sous son regard, et le règne écrasant de la comparaison. L'âge venant, Catherine note avec lucidité qu'il n'est "pas facile pour des jeunes gens, entourés à la Cour de princesses ravissantes, de passer leurs nuits avec une robuste vieille dame". Les ruptures qui s'ensuivent la mettent au désespoir. Potemkine la console, jusque dans son lit. On les entend hurler ensemble, des heures durant, en mémoire d'un favori disparu. Puis Catherine s'en trouve un nouveau, de quarante ans son cadet, et elle écrit à Potemkine: "Je suis grosse et joyeuse, je reviens à la vie comme une mouche en été." Ensemble, ils gouvernent la Russie, c'est-à-dire qu'ils l'étendent.» (pp. 479-480-481)

Emmanuel Carrère casou e divorciou-se duas vezes e vive agora com Charline, a sua terceira companheira. Ele mesmo admite a sua dificuldade em manter uma relação prolongada. Sobre "Secret-défense", transcrevo:

«Charline a un ami écrivain, Arthur, qui a lui-même une petite bande d'amis, comme lui entre trente et quarante ans, comme lui gays, qui ont en commun le goût du canular. Cela semble une forme d'humour un peu vieillote, le canular, le mot lui-même sonne comme "carabin" ou "khagneux", mais Arthur et ses amis un font un art, léger et inventif, tel qu'on ne sais jamais ce qui est vrai et ne l'est pas dans ce qu'ils disent. Cela peut être assez primitif - annoncer que l'addition d'un repas dans une taverne grecque se monte à 1 850 euros - ou plus sophistiqué. Arthur, qui a écrit et publié plus de deux mille pages d'un fascinant Jounal Sexuel (ça, c'est vrai), nous a confié un jour qu'il venait d'être contacté par le conseiller culturel de l'ambassade du Maroc, car le roi Mohammed VI avait beaucoup apprécié son libre et souhaitait le rencontrer - dans la plus grande discrétion, eu égard au sujet. Aprè avoir envisagé plusieurs possibiités, suite de grande hotel ou ambassade, le conseiller culturel et Arthur avaient pensé que cette entrevue confidentielle pourrait avoir lieu chez Charline et moi. Ce qui impliquait, si nous étions d'accord, que les services de sécurité marocains inspectent notre appartement et que deux agents occupent, quelque jours avant le grand jour, notre chambre d'amis. Ils étaient d'accord pour dormir dans le même lit. Le problème avec de telles fabulations, c'est que plus elles sont fréquentes et ritualisées, moins elles ont de chance d'être crues. Cela ne freine pas Arthur et ses amis, qui pratiquent comme une ascese collective la willing suspension of disbelief, la suspension volontaire de l'incrédulité, qui este selon Coleridge la première exigence de la lecture romanesque. Toute la bande nous a rejoint pour quelques jours à Ikaria et, à force d'entendre des canulars, nous avons décidé, Charline et moi, d'en faire un à notre tour. Quand nous nous sommes retrouvés, comme chaque soir, à la taverne, j'ai pris à peine arrivé un air soucieux, quittant la table tous les dix minutes pour téléphoner, revenant de ses conciliabules chaque fois plus sombre et défait. On m'a gentiment demandé si ça allait. Visiblement pas. Charline faisait la navette d'eux à moi, de moi à eux, en disant qu'il ne fallai pas s'inquieter sur le ton le plus inquiétant. Nous avons fait un peu durer le plaisir, et puis j'ai fini pour avouer que ces appels mystérieux, c'étaient mes soeurs, er qu'il se passait quelque chose d'embêtant. Quelque chose de trop lourde pour moi, mais je leur demandais instamment, à eux, de garder le secret parce qu'on avait encore l'espoir que ça ne s'ébruite pas. Ma mère était em ce moment interrogée par la DGSE. Depuis plusieurs semaines, lens gens du contre-espionnage français la soupçonnaient. Elle sortait du bureau d'Emmanuel Macron quand ils ont pris le risque de lui demander, avant qu'elle quite l'Elysée, d'ouvrir son sac à main. Ils ont confisqué et fait parler son iPhone. Elle avait enregistré toute sa conversation avec Macron sur la politique de la France à l'égard de la Russie et, avant celle-ci, plusieurs autres entretiens classés secret-défense. Elle transmettait directement ces renseignments sur un compte Signal dont la DGSE avait de bonnes raisons de penser que c'était le compte personnel de Vladimir Poutine. Au début de la soirée, mes soeurs et moi espérions encore que l'affaire serait etouffé mais, d'un coup de fil à l'autre, il était de plus en plus évident qu'elle allait sortir. J'assistai en direct à cette catastrophe: ma mère, au soir de sa vie, du jour au lendemain déshonorée. J'ai joué mon rôle avec conviction, lâchant les informations avec réticence au début, plus librement quand il est devenu évident que l'affaire serait publique, le scandale énorme. J'étais décomposé, un homme dont l'univers vacille sur ses bases et, même si j'ai du mal à croire que ces garçons que chaque jour inventent un nouveau bobard aient pu réellement avaler celui-ci, nous avons vraiment poussé les choses jusqu'à feindre de lire, sur mon téléphone, la première dépêche de l'AFP, et ils m'assurent avoir, tous, marché comme un seul homme.» (pp. 483-484-485)

Subsiste a dúvida se a descrição relata realmente um "canular" ou se existe alguma verdade nos factos e o verdadeiro "canular" é o de Emmanuel Carrère tentar convercer-nos que se trata de um "canular" um acontecimento verdadeiro.

É que há mais:

«Un an après la mort de ma mère, un chercheur étudiant les archives du KGB a établi que d'importantes figures du monde intellectuel et médiatique français étaient des agents d'influences soviétiques: un journaliste d'investigation du Canard enchaîné, le rédacteur en chef de L'Express. Elle aussi a été surveillée, approchée. Échec total et, de mon point de vue, bonne nouvelle: à plusieurs reprises, elle a reçu les émissaires du KGB, compris à demi-mot ce qu'ils lui voulaient, et les a courtoisement éconduits. Le nom de code sous lequel on se référait à elle était "Sylvie". J'ai du mal à imaginer un prénom qui lui aille moins bien.» (p. 486)

 

Hélène Carrère d'Encausse e seu filho Emmanuel Carrère

Hélène Carrére d'Encausse morreu com 94 anos, vítima de um cancro que se disseminou por todo o organismo. Prescindindo de outros cuidados, tratou-se apenas com a sua médica generalista, a quem exigiu absoluto segredo.  Só mais tarde informou uma das filhas, obrigando-a ainda a sigilo. Manteve a regularidade da sua vida, ainda que com os inevitáveis constrangimentos. Os outros filhos apenas foram avisados perto do fim, quando era já impossível esconder a verdade. Recusou informar o marido (na altura já bastante diminuído), quando se tranferiu de casa para a clínica de cuidados paliativos. Também não o disse ao irmão Nicolas, de quem vivia voluntariamente afastada.

Emmanuel descreve em páginas do mais elevado recorte emotivo e literário os últimos dias da sua vida, a imensa coragem da mãe, a grande dignidade na morte, a recusa firme da eutanásia, a sua confissão a um padre católico, ela que era ortodoa russa. Lembrei-me de Une mort très douce, de Simone de Beauvoir, que li há sessenta anos. Já submetida à morfina, ligeiramente delirante, as últimas palavras que claramente articulou foram Kylian Mbappé, regista o filho. 

Não cabe naturalmente aqui registar mais do que um apontamento breve deste livro imenso, por vezes irregular,  mas que ficará entre as grandes obras da literatura francesa contemporânea.

 

Túmulo de Hélène Carrère d'Encausse no Cemitério de Montparnasse (division 27)

Emmanuel Carrère é um homem inteligente, conhece bem a Rússia (que, desde pequeno, a mãe lhe incutiu no coração e no cérebro) mas, até talvez por isso, ao condenar a invasão da Ucrânia recusa-se a compreender as razões que subjazem por detrás dessa "operação militar especial" e que são evidentes para a maioria dos russos e para tanta gente por esse mundo. Mesmo para uma boa parte dos ucranianos, que a trazem dentro de si, e que só não o confessam, muitos deles, porque a isso são coagidos, manu militari, por uma minoria que em Kyev se apossou do poder. Sei do que falo e, sobre isso, já escrevi muitas vezes.

Acresce dizer que a leitura deste livro aproveitará a todos mas em especial aos leitores que tenham algum conhecimento da língua russa, da literatura e da história da Rússia.

 

quarta-feira, 17 de setembro de 2025

ALCIBÍADES

 

Alcibíades (450-404 AC) é, a muitos títulos, uma das personagens mais fascinantes da Grécia Antiga. Pela sua beleza, pela sua riqueza, pela sua eloquência, pela sua coragem, pela sua insolência, pela sua ambição, pela nobreza das suas origens e pela extravagância dos seus actos.

Em Alcibiade, Jacqueline de Romilly (1913-2010), professora da Sorbonne e que foi a primeira mulher a leccionar no Collège de France e a segunda mulher a ingressar na Academia Francesa (a primeira foi Marguerite Yourcenar), traça um retrato apaixonante do "eterno jovem" que procurou seduzir Sócrates e que era chamado correntemente o "belo Alcibíades".

A brilhante helenista, doutorada honoris causa por inúmeras universidades, entre as quais Oxford, Atenas  e Heidelberg, menciona as fontes desta sua biografia: Tucídides, Xenofonte, Diodoro de Sicília, Plutarco, Cornélio Nepos, Platão, Andócides, Isócrates, Lísias.

Filho de Clínias, da família dos Eupátridas (que passava por descender de Ajax), e de Dinómaca (a neta de Clístenes), primo segundo de Péricles (com o qual sua mãe fora casada) e que foi seu tutor, Alcibíades marcou a segunda metade do século V AC. A sua beleza tornou-se lendária. 

 

A autora dedica um capítulo às insolências e escândalos de Alcibíades, que foi tão pouco moderado nos seus defeitos como nos seus méritos. Dele disse Cornélio Nepos que era "luxurious, dissolutus, libidinous, intemperans", inútil traduzir. Desde muito jovem e ao longo de toda a vida. Nas Vies et Doctrines des Philosophes Illustres, Diógenes Laércio escreve: «Il [Bion] disait constamment qu'il vaut mieux faire don à autrui de sa beauté que de cueillir celle d'autrui: car cela nuit à la fois au corps et à l'âme. Il s'en prenait également à Socrate, disant qu'il désirait Alcibiade et s'en abstenait, il était stupide, tandis que s'il ne le désirait pas, sa conduite n'avais pas de quoi surprendre. Il avait coutume de dire que le chemin vers l'Hadès est facile: on s'y rend en tous cas les yeux fermés. Il blâmait Alcibiade, en disant que dans sa prime jeunesse il enlevait les maris à leurs épouses, tandis que, jeune homme, il enlevait les épouses à leurs maris.» (Livro IV, 49) [O sublinhado é meu]

Ciente dos seus encantos, Alcibíades procurou  seduzir Sócrates, episódio que Platão registou em O Banquete, obra que terá sido escrita em 385 AC e onde o filósofo narra o acontecimento supostamente ocorrido em 416 AC. Nesta altura, Alcibíades estava já empenhado na vida política e procurava a glória. O jantar destinava-se à comemoração de uma vitória de Àgaton (ou Agatão), que era o anfitrião e que vencera um concurso de tragédia nas festas Leneias. Além de Sócrates, Alcibíades e Agatão, estavam também presentes no simpósio Aristófanes, Pausânias, Fedro e Erixímaco.

Existe uma outra obra denominada O Banquete, devida a Xenofonte, escrita por volta de 380 AC, que narra um banquete imaginário, oferecido por Cálicles, um rico ateniense, por ocasião de uma corrida de cavalos nas festas Panateneias de 421 AC. Em ambos os jantares, Sócrates é a personagem principal. 

 

Transcrevo da tradução francesa de O Banquete, de Platão, estes fragmentos: 

«217 (a) Or, comme je le croyais sérieux dana l'attention qu'il portait à ma beauté, alors en sa fleur, je crus que c'était pour moi une aubaine et une exceptionelle bonne fortune, qu'il m'appartînt, en cédant aux voeux de  certes, une idée prodigieusement avantageuse! Ayant donc réfléchi là-dessus, moi qui jusqu'alors n'avais pas l'habitude de me trouver seul avec lui sans être accompagné d'un serviteur, (b) cette fois-là, congédiant le serviteur, je me trouvais en sa compagnie, tout seul... Devant vous, c'est sûr, je me suis engagé à dire toute la vérité: allons! prêtez-moi toute votre attention, et toi, Socrate, si je mens, rétorque! Ainsi, bonnes gens, nous nous trouvions ensemble, seul à seul, et je m'imaginais qu'il allait sur-le-champ me tenir les propos que doit justement tenir, en tête à tête un amant à ses amours, et je m'en réjouissais! Or, rien absolument de tout cela n'arriva, mais, après m'avoir tenu des propos semblables à ceux qu'il pouvait d'habitude me tenir, au bout de cette journée passée avec moi, il sortit et s'en alla. En suite de quoi, c'est à partager mes exercices physiques [que se praticavam sem roupa] que je l'invitais, (c) et, dans la pensée d'aboutir sur ce point à quelque chose, je m'exerçait avec lui. Le voilà donc partageant mes exercices, luttant maintes fois avec moi sans témoins... Eh bien! que dois je vous dire? je n'en fus pas plus avancé! Mais, comme, en m'y prenant ainsi, je n'avais pas de succès, je m'avisai que c'était par la force que je devais m'attaquer à l'homme, et ne point me relâcher au contraire, puisqu'aussi bien j'y avais déjà travaillé, jusqu'à ce que le fin mot de l'affaire me fût désormais connu. Je l'invite donc à souper  avec moi, bel et bien (d) comme un amant qui tend un guet-apens à ses amours! J'ajoute qu'en cela même il ne se pressa pas de me donner satisfaction; et cependant, avec le temps, il finit par se laisser convaincre. Mais, la première fois qu'il vint, aussitôt soupé, il voulut s'en aller; et, cette fois-là, de honte, je le laissais partir.

Une autre fois, le guet-apens préparé, je me mis, quand il eut fini de souper, à converser avec lui fort avant dans la nuit; puis, comme il voulait sortir, je prétextai qu'il était tard et je le forçais de rester. Or, il reposait sur le lit qui touchait le mien et celui-là même sur lequel il avait soupé; (e) dans la pièce, personne d'autre ne dormait que nous... Sans nul doute, jusqu'à ce point de mon discours, il était parfaitement possible de parler même devant n'importe qui. Mais, à partir d'ici, vous ne pouvez écouter mon discours qu'à deux conditions: la première, que c'est, suivant le dicton, dans le vin (avec, ou sans, la bouche des enfants!) qu'est la vérité [Combinaisons de deux proverbes: la vérité, qui est dans le vin, sort aussi de la bouche des enfants. Le mot grec, que je traduis par "enfants", pouvant signifier "esclaves", certais intreprètes comprennent qu'Alcibiade penserait à l'incapacité de l'ivrogne à retenir sa langue véridique, même devant les esclaves.]; la seconde, que, de la part de quelqu'un qui est aprti à faire l'éloge de Socrate, laisser dans l'ombre une de ses actions, dont la superbe est sans pareille, c'est à mes yeux une évidente incorrection! Ce n'est pas tout: mon état est aussi celui de l'homme qui a été mordu par un mâle de vipère: quand cela est arrivé à quelqu'un, il se efuse, dit.on, je crois,»

«219 (b) Employant en effet à cette déliberation le temps qui vient, nous ferons enfin ce qui se sera révélé pour nous deux le meilleur, tant sur cette question que sur tout autre." Moi, sur ce, aprè l'avoir entendu, après lui avoir parlé moi-même, lui ayant en quelque façon décoché mes traits, je m'imaginais l'avoir blessé. Alors, je me soulève, je ne lui laisse même pas la possibiité de rien dire de plus, je le couvre de mon manteau à moi (on était en hiver), je m'allonge sur la bure [vêtement d'étoffe grossière] de l'individu que voici, (c) je passe mes bras autour de cet être humain, divin véritablement et miraculeux; et voilà comment je restai étendu, la nuit tout entière! Sur ce nouveau point, Socrate, tu ne vas pas dire non plus que je mens! Ainsi, moi, j'avais eu beau faire, sa supériorité à lui s'en affirmait d'autant: il dédaignait la fleur de ma beauté, il la tournait en dérision, il l'insultait! Et c'était, en vérité, là-dessus que ma cause, je me la figurait avoir quelque valeur, Juges!... Juges, je dis bien, car vous l'êtes: de la superbe de Socrate!... Oui, sachez-le, j'en atteste les Dieux, j'en atteste les Déesses: après avoir ainsi dormi avec Socrate, il n'y avait, quand je me levai, rien de plus extraordinaire (d) que si j'avais passé la nuit près de mon père ou d'un frère plus âgé!»

 

Também Xenofonte, em o seu O Banquete, se refere, ainda que não explicitamente, a Alcibíades. Neste banquete, dado por Cálias (421 AC) em honra de seu amigo, e amante, o belo Autólico, que acabara de receber um prémio pela sua vitória no pancrácio (um antigo desporto de combate sem armas), Sócrates discorre sobre o amor. E considera que o amor das almas é mais importante que o amor dos corpos. Há referências implícitas à recusa de Sócrates ceder às propostas de Alcibíades, cujo nome não figura no texto mas que está omnipresente nas considerações do filósofo sobre o amor carnal. 

Transcrevo esta passagem do capítulo VIII: 

«Et les belles actions qui se font de nos jours sont toujours dues à ceux qui cherchent la célèbrité au milieu des travaux et des dangers plutôt à ceux qui sont habitués à préférer le plaisir à la gloire. Cependant Pausanias, l'amant du poète Agathon, faisant l'apologie de ceux qui se vautrent dans la luxure, soutient que l'armée la plus valeureuse serait une armée d'amants et de mignons. Il affirmait être convaincu que c'est dans une telle armée qu'on rougirait le plus de s'abandonner les uns les autres, assertion étrange! Hé quoi! des gens insensibles au blâme, accoutumés à ne point rougir entre eux seraient ceux qui craindraient le plus de commettre quelque lâcheté! Il alléguait comme preuve que c'était l'opinion des Thébains et des Eléens. Les amants, disait-il, couchent avec leurs mignons et cependant les rangent à côté d'eux pour le combat. Mais cette preuve repose sur une fausse analogie, car ces pratiques chez ses peuples sont autorisées par l'usage, tandis qu'elles sont reprouvées chez nous. Pour moi, au contraire, j'ai l'impression que s'ils se rangent ainsi, c'est qu'ils ont peur que les mignons rangés à part ne fassent pas leur devoir d'hommes de coeur. Au contraire, les Lacédémoniens, persuadés qu'un homme porté à la jouissance physique n'aspire plus à rien de beau ni de bien, font de leurs amis des gens si braves que, même parmi les étrangers et rangés loin de leurs amants, ils rougiraient cependant d'abandonner leurs compagnons, car la déesse qu'ils honorent n'est pas l'Impudence, mais la Pudeur. Je pense que nous serons tous d'accord sur ce que je dis, si nous nous posons cette question: entre deux amis, auquel des deux confierons-nous de préférence notre argent ou nos enfants, sur lequel placerions-nous plus volontiers un bienfait? Pour moi, je pense que même l'homme qui jouit de la beauté de son mignon donnerait plutôt sa confiance à celui dont l'âme mérite l'amour.» (32-36)

 

Também Plutarco (45?-125?), nas Vidas Paralelas, na Vida de Alcibíades, escreve: 

«It is said that is fame is due in no small part to the fact that Socrates befriended him and was kindly disposed towards him, and this does seem to be true.» (I - 2) 

«However, the fact that Socrates was in love with him strongly suggests that the boy was endowed with a natural aptitude for virtue. Socrates saw Alcibiades' physical good looks as the brilliant external manifestation of this excellence, and he worried about the boy's wealth and social standing, and about the fact that masses of people from Athens and from both allied and other cities abroad were employing flattery and favouritism to pre-empt his affections. So Socrate set out to protect him against these influences; he could not just stand by and watch a blossoming tree wastefully destroy its own fruit. For fortune has surrounded and enclosed no one so thoroughly with the so-called good things of life that he cannot be pierced by the shafts of philosophy and reached by the stinging candour of reasoned argument. And Alcibiades was no exception. Although he had been spoiled al his life, and although those whose only reason for being in his company was to indulge him tried to stop him listening to anyone who might correct him and discipline him, nevertheless his innate excellence led him to recognize Socrates, and he shunned his rich and eminent lovers in favour of associating with Socrates. He soon became close to Socrates and heard arguments from a lover who was not hunting after unmanly pleasure and was not begging him for kisses and caresses, but was trying to expose the unsoundness of his mind and was harrying his vain and foolish pride. And then "he crouched down in fear, like a defeated cock, with wing aslant", and he believed that Socrates' mission really was a way of carrying out the gods' wishes by looking after young men and keeping them free from corruption. (IV 1-4)

«However, against all the odds and despite the number and importance of his rivals, Socrates with his love did tend to subdue Alcibiades, who had sufficient innate excellence for Socrates' arguments to get through to him, wrench his heart, and start the tears flowing. But he also sometimes surrendered to his flatterers and all the delights they held out, and then he would give Socrates the slip and be hunted down, for all the world like a runaway slave, because Socrates was the only one of his lovers he respected and feared, while he had nothing but contempt for the rest. Cleanthes used to say that although he used to take his beloved by the ears and subdue him, the boy's body offered his rivals a great many grips which he refused to touch, meaning his stomach, genitals, ans throat.» (VI - 1)

A data de redacção de O Banquete, de Xenofonte (430?-355 AC), é imprecisa. É costume situá-la entre 390 e 370 AC. O grande erudito Pierre Chambry sustenta que o banquete de Platão precedeu o de Xenofonte, por várias razões entre as quais a de que não é admissível que uma obra de tão grande inspiração, de tão profunda filosofia e de composição tão perfeita como a de Platão não tenha sido a original, não fazendo sentido que Platão se inspirasse em Xenofonte. A intenção deste, ao retomar o tema,  terá sido pretender dar uma ideia mais justa do verdadeiro Sócrates e da sua doutrina.

Não existem dados seguros que nos permitam situar a data da redacção da Vida de Alcibíades, nas Vidas Paralelas, em que Alcibíades está emparelhado com Coriolano, mas a sua composição deve ter tido lugar entre 100 e 110.

 

Não cabe aqui discorrer sobre a notável, ainda que não longa, vida de Alcibíades, que Jacqueline de Romilly traça magistralmente no seu livro. Este post pretende apenas salientar o relacionamento de Sócrates com Alcibíades e a forma como se encontra relatado nos textos clássicos.

 

Por curiosidade, menciono duas obras de ficção sobre Alcibíades. A primeira foi editada em Veneza em 1651, da autoria do filósofo italiano Antonio Rocco (1586-1653), com o título Alcibiade fanciullo a scola. O livro foi considerado escandaloso, tendo quase todos os seus exemplares sido destruídos. Dos raros sobreviventes, foram feitas edições nos séculos XX e XXI, de que menciono duas: Alcibiade enfant à l'école (2006) e Pour convaincre Alcibiade (1999), cujo texto é idêntico. De um teor um pouco diferente, publicou Éric Jourdan (que foi adoptado, já em idade adulta, por Julien Green), em 2006, o livro Le Songe d'Alcibiade.

 


 

quinta-feira, 4 de setembro de 2025

HERODES

 


HERODES

Li, por sugestão do Miguel Castelo Branco, o mais recente livro de Martin Goodman, Herodes, o Grande (2024), na tradução portuguesa (2025) de Herod the Great.

Comprei o exemplar na FNAC de um centro comercial (onde, agora, vou às vezes), tendo o empregado que me atendeu (e que conheço há longos anos da primeira FNAC) comentado que se devia tratar de um livro bom pois só se havia vendido um exemplar, tendo os restantes em depósito, salvo o derradeiro que eu adquiri, sido devolvidos à respectiva editora.

Os empregados das FNAC’s conhecem, na generalidade, o que importa e o que não presta e sabem que nos expositores e estantes das livrarias se acumulam toneladas de papel impresso (livros de auto-ajuda, romances improváveis, alucinações históricas) cujo único destino deveria ser o caixote do lixo ou a eventual reciclagem.

Perguntei-lhe se todo esse esterco que nos ofende a vista tinha compradores. Respondeu-me que sim, que se iam vendendo alguns desses monos, mas que desconfiava que as pessoas que os adquiriam não chegavam a lê-los.

Só tenho pena da pasta para o papel!

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Voltando a Herodes (73-4 AC). De origem não nobre, eram os asmoneus que governavam então a Judeia, conseguiu que o Senado Romano o designasse Rei dos Judeus em 40 AC, efectivamente a partir de 37 AC, quando logra derrotar Antígono.

Foi um político inteligente e astuto e conseguiu contornar habilidosamente os reveses da História. Amigo de Marco António e depois de Octávio César Augusto, amigo e inimigo de Cleópatra, soberano de um país cliente e vassalo da República e do Império Romano, sobreviveu às lutas dos dois Triunviratos, às lutas vizinhas e às lutas internas. Grande construtor e administrador, foi homem de paixões e de crueldades, embora seja impossível atribuir-se-lhe a responsabilidade da “matança dos inocentes” que a Bíblia relata, por ter morrido quatro anos antes do nascimento de Cristo. Também é verdade que a conversão de datas efectuada por Dionísio, o Exíguo no século VI, pode conter entre sete a quatro anos de erro. Assim sendo, Cristo poderá ter nascido em 4 AC ou mesmo antes, o que torna aceitável a versão bíblica. Dionísio estabeleceu que Jesus Cristo teria nascido 753 anos depois da fundação de Roma (Ab Urbe Condita), o que contraria as versões de Mateus (II,1) e de Lucas (III,1-22). Quanto à “matança” ela só é mencionada por Mateus (II,16-18).

A corte de Herodes era sofisticada e procurou uma certa helenização da Judeia e o convívio com homens cultos, como Nicolau de Damasco (amigo de Augusto), que bastante o ajudou.

Para agradar a Octávio, que o protegia, Herodes iniciou em 27 AC, logo após aquele ter recebido o nome de Augusto, a transformação da cidade de Samaria em Sebaste (“Sebastos” em grego significa “reverenciado” e equivale ao latim “Augustus”), próximo da actual cidade de Naplus.

Também começou a construir em 27 AC, e terminou em 13, a cidade de Cesareia (Marítima), com grandes espectáculos romanos, combates de gladiadores e corrida de cavalos, embora tal não fosse muito do agrado dos seus súbditos judeus.

Para ganhar a simpatia destes, Herodes propôs-se restaurar o Templo de Jerusalém (o Segundo Templo), que datava do século VI AC e que se encontrava bastante danificado. As obras iniciaram-se por volta de 19 AC e a intenção de Herodes era a de assemelhá-lo a um templo romano, coisa inaceitável para os judeus, que não aceitavam sacrifícios ao imperador. Herodes instituiu uma nova prática que era a de os sacrifícios regulares serem feitos ao próprio Deus, mas em nome do imperador. O grande apoio de Augusto, e nomeadamente do seu amigo Marcos Agripa (o número dois de Augusto), para o embelezamento do Templo levou a que Herodes gravasse o nome de Agripa na porta do Templo e colocasse sobre a mesma uma águia dourada, o que provocou a indignação dos judeus. A águia foi retirada da fachada do Templo pouco antes da morte de Herodes, em 4 AC, por alguns judeus que a consideravam uma afronta religiosa. Herodes respondeu com raiva e que eles mesmos haviam cometido um sacrilégio.

«O que, além da aceitação de Herodes do risco de tal oposição à imagem, apesar do seu cuidado em respeitar as sensibilidades judaicas noutras partes do Templo remodelado, sugere que Herodes considerava a águia um tributo ao seu patrono romano? A águia não era uma representação habitual de Roma neste período, mas os planos para incluir imagens de águias na representação simbólica do imperador podem ter estado em curso na altura em que Herodes completou as suas principais obras no Templo de Jerusalém, em 12. A águia no Templo de Jerusalém pode, de facto, ter constituído a primeira utilização do que se tornou um elemento importante da iconografia imperial.

Segundo um relato, uma águia foi libertada da pira de Augusto aquando da sua morte em 14 DC. A águia demonstrava que o imperador tinha subido ao céu para se juntar aos deuses. Augusto estava determinado a garantir que, da mesma forma que tinha começado a sua carreira meteórica, anunciando o seu estatuto de filho do divino Júlio, deveria ser reconhecido pelos seus compatriotas romanos como divino após a morte. A águia era uma contrapartida do célebre cometa que se seguiu à morte de César, e mais fácil de arranjar.

Não sabemos quando é que Augusto começou a fazer planos para o seu funeral, incluindo esta manobra teatral, mas a construção do seu mausoléu monumental em Roma, em 28 AC, sugere que já tinha começado a fazer planos nessa altura. Em 23, quando se julgava próximo da morte, deve ter feito alguns preparativos funerários de contingência. Se a libertação de uma águia da sua pira funerária estava incluída entre esses planos nessa data – precisamente quando se iniciavam os trabalhos de transformação do Templo de Jerusalém – teria feito sentido que Herodes adoptasse a imagem da águia para honrar o seu patrono imperial no Templo, onde os judeus deviam rezar ao seu Deus em seu nome.

O Templo de Jerusalém reconstruído enquadrava-se confortavelmente no programa de Augusto para a fundação ou reconstrução de santuários em Roma, o que asseguraria a restauração do favor dos deuses após os desastres da república tardia. A alegada afirmação de Herodes, ao anunciar o seu plano de reconstrução do Templo, de que “com este acto de piedade daria a Deus a plena retribuição pela dádiva deste reino”, era um aspecto do seu governo como rei romano.» (pp. 101-102)

Apesar das desesperadas alegações de Antígono aos romanos de que Herodes era apenas meio-judeu, já que seu pai era um idumeu, os romanos consideravam-no como Herodes, o Judeu. Diz-se, aliás, que Nicolau de Damasco, para agradar ao rei, inventou uma genealogia da família de Herodes, afirmando que esta descendia de judeus de notável estirpe que tinham vindo de Babilónia para a Judeia no tempo de Ciro, no século VI AC.

[Permita-se-me esta reflexão: como no presente, para se obter a cidadania portuguesa, se confeccionam genealogias sefarditas, já no passado era possível obter uma ancestralidade judaica com vista a uma legitimação política.]

Tem-se colocado a questão de saber se Herodes acreditava verdadeiramente nos ensinamentos da Bíblia hebraica e se cumpria rigorosamente os preceitos religiosos. É sabido que nesse tempo havia interpretações divergentes relativamente a alguns aspectos da Lei, com grupos filosóficos distintos, como os fariseus, os saduceus ou os essénios. Mas pode dizer-se que, de uma maneira geral, Herodes partilhava a fé dos seus contemporâneos judeus. Apesar do seu interesse na representação da figura humana (muito presada por gregos e romanos), e porque a Torá proibia a criação de imagens, Herodes limitou as reproduções antropomórficas praticamente ao seu palácio.

«É pouco provável que, ao designar Herodes rei não só da Judeia, mas também dos Judeus, Marco António pretendesse especificamente que o Senado atribuísse ao seu protegido um papel na protecção dos interesses das comunidades judaicas que viviam em todo o Império Romano e para além dele. Também não há qualquer razão para supor que Herodes se tenha imaginado a desempenhar esse papel nos primeiros anos do seu reinado. No entanto, por volta dos anos vinte antes da Era Comum, quando estava seguro do seu poder na Judeia e a sua ambição disparou, parece ter sucumbido, por vezes, à tentação de se apresentar como um patrono dos judeus onde quer que vivessem. A tentação era especialmente forte quando podia exercer esse patrocínio perante uma audiência romana, demonstrando o alcance da sua influência não só a outros Judeus, mas também aos Romanos dos quais dependia o seu próprio poder.

Ao longo dos séculos anteriores, os Judeus tinham feito de muitas partes do Império Romano do Oriente a sua casa, bem como da cidade de Roma. A diáspora tinha crescido, em parte, como resposta ao excesso de população na terra natal e, em parte, através da reinstalação de cativos de guerra. O facto de estes Judeus terem preservado os seus costumes nacionais distintos em comunidades agrupadas em torno de sinagogas tornou-os particularmente visíveis nas cidades onde se estabeleceram. Meio século após a morte de Herodes, o filósofo Filo registou a existência de Judeus no Egipto, Fenícia, Síria, Panfília, Cilícia, Ásia, Bitínia, Ponto, Tessália, Beócia, Macedónia, Eólia, Ática, Argos, Corinto, Peloponeso, Eubeia, Chipre e Creta. Todas estas comunidades judaicas estavam bem estabelecidas no tempo de Herodes, bem como outras em Cirene (a moderna Líbia) e noutros locais. A população judaica em Roma expandira-se muito a partir de meados do século I AC., na sequência da deportação para a cidade de inúmeros escravos após a tomada de Jerusalém por Pompeu em 63.» (p. 122)

Ao contrário dos romanos, que casavam e se divorciavam, Herodes, grande apreciador de mulheres (além de bonitos rapazes) convivia com elas ao mesmo tempo e debaixo do mesmo tecto, o que não era bem visto pelos judeus. Chegou a possuir nove esposas em simultâneo.

Assim, casou com Dóris (quando ainda não era rei e que lhe deu um filho, Antípatro), com Mariame (I) (que foi mãe de Alexandre, Aristóbulo, Salampsio e Cipros), Mariame (II) (mãe de Herodes), Maltace (mãe de Arquelau e Antipas), Cleópatra (mãe de Filipe), Palas (mãe de Fasel), Fedra, Élpis (mãe de duas filhas, uma chamada Salomé) e mais duas outras esposas cujo nome Josefo não mencionou nas suas listas, possivelmente por não terem tido filhos.

Profundamente desconfiado, suspeitou sempre da família, que aliás estimava, muito especialmente os irmãos. À medida que envelhecia, os receios de que o queriam assassinar avolumaram-se, não sabia em quem podia confiar. Os seus acessos de cólera levavam-no a tomar decisões precipitadas e irreversíveis.

Mandou matar Mariame (I), que amava, acto de que se arrependeu e que amargurou o resto da sua vida. As permanentes indecisões quanto à sua sucessão, que aliás teria de ser avalizada por Roma, levaram-no a escolher sucessivamente alguns dos filhos que depois mandou igualmente matar: Antípatro, Arquelau, Antipas. Ordenou igualmente a morte de Jónatas Aristóbulo (irmão de Mariame I), Alexandra (mãe de Mariame I) e Hircano (avô de Mariame I). E foi ainda responsável por outros assassinatos. O seu reinado terminou num banho de sangue.

Um dos problemas supervenientes residia no facto de saber-se se a Judeia continuaria com um único soberano ou se o reino seria dividido. Herodes tinha sido designado rei pelo Senado (por indicação de Marco António) mas tal não significava que Augusto confirmasse a sucessão individual, apesar de sempre ter reconhecido que Herodes era um bom governante da Judeia e fiel a Roma; isso, todavia, não era válido para quem lhe sucedesse.

Não cabe aqui descrever todos os episódios que antecederam a morte de Herodes e que se seguiram ao seu desaparecimento.

Herodes morreu pouco antes da Páscoa Judaica, em 4 AC. O seu funeral foi grandioso, mas logo a seguir estalou uma revolta que foi dominada pelo filho Arquelau, como executor testamentário, com o auxílio das tropas romanas da Síria, comandadas por Varo. A repressão foi brutal e Jerusalém e todo o território mergulharam num caos.

Os sobreviventes filhos “elegíveis” foram a Roma procurar a legitimação por parte de Augusto. Depois de ouvir o seu Conselho, o imperador decidiu-se: não haveria um novo rei. Arquelau foi nomeado etnarca da Judeia, Antipas, tetrarca da Galileia e Filipe, tetrarca da Itureia e Traconítide (a nordeste da Galileia).

Em 41 DC, Agripa I (neto de Herodes e filho do assassinado Aristóbulo) foi nomeado rei da Judeia, governando todo o território.

Muito mais haveria a dizer mas este texto vai já excessivamente longo. Os interessados poderão, e deverão, ler o livro.

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Escrevi, há dias, um texto sobre a homossexualidade na Grécia Antiga. Uma prática comum também em Roma e no Oriente Médio da época, conforme transmitem os textos.

Curiosamente, encontro agora nesta obra, a propósito de Herodes, a seguinte passagem: «A dada altura, pode ter-se apaixonado por um rapaz chamada Hípico, sobre o qual nada mais se sabe. Ele homenageou Hípico, muito mais tarde, erguendo uma magnífica torre na muralha do Palácio de Jerusalém em nome do amigo, “perdido na guerra depois de uma corajosa luta”. As paixões homossexuais entre jovens, admiradas nos círculos sociais gregos, seriam vistas com desconfiança por muitos judeus devotos, mas a designação da torre é, pelo menos, uma prova de que Herodes não tinha pudor quanto à profundidade da sua amizade.» (p. 35)

 


E Martin Goodnam remete-nos em nota para uma passagem das Antiguidades Judaicas, de Flávio Josefo, o grande historiador judeu romano do século I. Resolvi consultar o livro, e transcrevo:

«These predictions were not concealed from Salome, but were told the king; as also how they had perverted some persons about the palace itself. So the king slew such of the Pharisees as were the principally accused, and Bagoas the eunuch, and one Carus, who exceeded all men of that time in comeliness, and one that was his catamite. He slew also all those of his own family who had consented to what the Pharisees foretold.»

(THE WORKS OF JOSEPHUS – The Antiquities of the Jews, XVII, 44)

Ainda sobre a atracção de Herodes por rapazes é também Flavius Josephus que nos recorda na mesma obra a fúria do rei quando soube que os seus belos eunucos mantinham relações sexuais com o seu filho Alexandre:

«There were certain eunuchs which the king had, and on account of their beauty was very fond of them; and the care of bringing him drinking was entrusted to one of them; of bringing him his supper, to another; and of putting him to bed, to the third, who also managed the principal affairs of the government; and there was one told the king that these eunuchs were corrupted by Alexander the king’s son, by great sums of money; and when they were asked whether Alexander had had criminal conversation with them, they confessed it, but said they knew of no farther mischief of his against father;»

(THE WORKS OF JOSEPHUS – The Antiquities of the Jews, XVI, 230-231)

 

Esta atracção de Herodes por rapazes não significa que fosse insensível às mulheres. Casou diversas vezes, como se escreveu, e teve algumas grandes paixões femininas.

Eram assim os costumes no Mundo Antigo. O anátema (não no sentido grego do termo) religioso judaico, depois transmitido ao cristianismo e ao islão, interditou (mas nunca obstou) o exercício de certas práticas, embora nos nossos tempos, e em alguns lugares, elas tenham   deixado de ser cominadas judicialmente, que não socialmente.

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Este livro de Martin Goodman está particularmente bem escrito (e bem traduzido), com uma prosa elegante e acessível, e dá-nos uma imagem cuidada, rigorosa e abrangente da vida e do reinado de Herodes e da situação da Judeia no quadro do Mundo Romano. E recorda-nos também das vulnerabilidades e das paixões dos homens.

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Martin Goodman nasceu em 1953, numa família judaica inglesa, estudou no Trinity College, da Universidade de Oxford, onde se doutorou em 1980 com a tese State and society in Roman Galilee, AD 132-212, e onde é professor de Estudos Judaicos. Em 1996, foi eleito sócio efectivo da Academia Britânica. Entre as muitas obras publicadas, distingue-se Rome and Jerusalem: The Clash of Ancient Civilizations, em 2007.