domingo, 31 de Agosto de 2014

O HORROR NACIONAL




O estado mental em que se encontra hoje a sociedade portuguesa, sem dúvida muito pior do que no tempo de Salazar, apesar, ou por causa, dos acquis comunitários, é exemplarmente descrito por José Pacheco Pereira no seu blogue Abrupto:

Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate


... como no Inferno quando se entra pela porta maldita e se deixa a dita esperança à entrada. Agosto é um bom mês para percebermos tudo. Milhares e milhares de jovens que não lêem um livro, passam o mês em festivais no meio do lixo, do pó, da cerveja e dos charros. Milhares e milhares de adultos vão meter o corpo na água e na areia, sem verdadeira alegria nem descanso. Outros muitos milhares de jovens e adultos nem isto podem fazer porque não tem dinheiro. No interior, já que não há correios, nem centros médicos, nem tribunais, proliferam as capitais, da chanfana, do caracol, do marisco, do bacalhau, dos enchidos, da açorda, as "feiras medievais" de chave na mão, as feiras de tudo e mais alguma coisa desde que não sejam muito sofisticadas. Não é uma Feira da Ciência, nem Silicon Valley. 

As televisões, RTP, SIC e TVI “descentralizam-se” e fazem arraiais com umas estrelas pimba aos saltos no palco, mais umas “bailarinas”, nem sequer para um grande público. Incêndios este ano há pouco, pelo que não há imagens fortes, ficamos pelo balde de água. Crimes violentos “aterrorizam” umas aldeias de nomes entre o ridículo e o muito antigo, que os jornalistas que apresentam telejornais com tudo isto gostam de repetir mil vezes. Felizmente que já começa outra vez a haver futebol, cada vez mais cedo. O governo, com excepção das finanças e dos cortes contra os do costume, não governa, mas isso é o habitual. 

A fina película do nosso progresso, cada vez mais fina com a crise das classes ascendentes, revela à transparência todo o nosso ancestral atraso, ignorância, brutalidade, boçalidade, mistura de manha e inveja social. No tempo de Salazar falava-se do embrutecimento dos três f: futebol, Fátima e fado. Se houvesse Internet acrescentar-se-ia o Facebook como o quarto f. Agora não se pode falar disso porque parece elitismo. Áreas decisivas do nosso quotidiano hoje não são sujeitas à crítica, porque se convencionou que em democracia não se critica o "povo".

Agosto é um grande revelador e um balde de água fria em cima da cabeça para aparecer na televisão ou no You Tube. Participar num rebanho, mesmo que por uma boa causa, podia pelo menos despertar alguma coisa. Nem isso, passará a moda  e esquecer-se-á a doença. Pode ser que para o ano a moda  seja meter a cabeça numa fossa séptica, a favor da cura do Ebola.

Assim não vamos a lado nenhum. Como muito bem sabem os que não querem que vamos a qualquer lado.

terça-feira, 26 de Agosto de 2014

ÁRABES, MUÇULMANOS, ISLAMISTAS E MOUROS

Transcrevemos de EL IMPERIO DE DES esta oportuna clarificação:

Àrabes, moros, musulmanes e islamistas – una aclaración



Para mucha gente en los países occidentales, las palabras árabe, moro, musulmán e islamista suelen ser sinónimos. A menudo, hasta los medios de comunicación serios cometen errores garrafales en llamar a cualquier país musulmán un país “árabe” y a cualquier musulmán un “islamista”. Con este post me gustaría hacer una introducción de la definición correcta de estas terminologías.

El país con mayor población musulmana no es ningún país árabe, sino Indonesia
El país con mayor población musulmana no es ningún país árabe, sino Indonesia

Árabe

Se refiere a un grupo etnolingüística cuyo origen procedió de la península árabe, pero a día de hoy se extiende por todo el Oriente Medio y África del Norte. Según la clasificación lingüística, el árabe pertenece a la familia semita y es un pariente cercano de hebreo.
Los “árabes” engloban a todos los pueblos cuya lengua se deriva del árabe clásico, que incluyen a la mayoría de los países de la península árabe (Arabia Saudita, Irak, Jordania, Siria, Líbano), Egipto, Libia, y un importante segmento de la población de Túnez, Marruecos, Argelia y Mauritania. La expansión árabe por el norte de África se realizó durante la conquista de Islam en el siglo VII y la posterior asimilación de las poblaciones autóctonas a su cultura.
Religiosamente, La mayoría de los árabes son musulmanes, pero también hay una importante minoría de cristianos, sobre todo en Egipto (15% de la población), Siria (10%) y Líbano (40%).
Países como Turquía, Irán y Afganistán, a pesar de estar situado en el Oriente Medio con mayoría musulmana, NO SON ÁRABES porque no comparten el idioma. En Túnez, Argelia, y Marruecos, la población es una mezcla entre árabes y bereberes. Estos últimos tampoco son árabes.

Mapa de países árabes
Mapa de países árabes

Moro

Esta palabra vino de la época romana en referencia a la población del norte de África (excluyendo Egipto), que los romanos llamaban Mauretania.
Los moros incluían a poblaciones de origen bereber (que no tienen nada que ver con árabes) y colonos fenicios y griegos. Mauretania era una de las regiones más romanizadas del imperio. De hecho, el emperador Séptimo Severo, que gobernó a finales del siglo IIera de origen “moro”.

El emperador romano Caracalla, que construyó los famosos baños, era de origen "moro"
Caracalla, hijo de Séptimo Severo, que construyó los famosos baños, era de origen “moro”

En el siglo VII, cuando los árabes sometieron al norte de África, muchos moros se convirtieron a Islam, y como la mayoría de los musulmanes que conquistaron Hispania eran nativos del norte de África, en español la palabra moro empezó a referirse a cualquier musulmán, sea de origen árabe, bereber o muladí (hispanos convertidos al Islam). Hasta el siglo XVI, cuando los españoles colonizaron las Filipinas, llamaron a los musulmanes locales moros, aunque no tenían nada que ver con el norte de África.
A día de hoy, coloquialmente la palabra moro puede tener 2 significados:
• Un nativo del Magreb
• Cualquier musulmán, normalmente en tono despectivo

Muchos "moros" son de origen bereber, como esta familia marroquí
Muchos “moros” son de origen bereber, no árabe, como esta familia marroquí

Musulmán

Se refiere a creyentes de la religión de Islam, independiente de nacionalidad o origen étnico.
El Islam era una religión fundada por los árabes, pero luego se difundió por el resto del mundo. A día de hoy, hay casi 1600 millones de musulmanes en el mundo, pero solo 20% son árabes. Los países con mayor población musulmana son Indonesia (casi 200 millones), Pakistán, India y Bangladesh.
Los musulmanes también se dividen en 2 principales ramas religiosas: suníes y chiitas, los primeros creen en el profeta Mahoma, los segundos en su yerno Ali.

Mapa de importantes poblaciones musulmanas del mundo
Mapa de importantes poblaciones musulmanas del mundo

Grado de religiosidad entre musulmanes

Aunque los occidentales solemos asociar el Islam con mujeres veladas, una estricta separación de sexos, un rígido patriarcado, la abstención de cerdo y alcohol y rezar 5 veces al día, en realidad, el grado de religiosidad varía de forma enorme de país a país, individuo a individuo. En general, se puede clasificar por las siguientes tendencias:
No-creyentes: gente que se identifica con la religión solo por herencia familiar, pero no practica casi nada las costumbres religiosas.
Creyentes modernos: gente que practica la religión pero con costumbres modernas. Las mujeres no llevan velo y los dos sexos suelen socializarse juntos. Pero a pesar de adoptar muchas costumbre occidentales como beber alcohol y bailar en discotecas, la mayoría reza con regularidad a Alá, practica el ramadán y se abstiene de comer cerdo.
Creyentes conservadores: gente que sigue las normas religiosas en su conducta cotidiana. Mantiene una estricta separación de sexos donde las mujeres siempre van tapadas y los matrimonios suelen ser concertados.
Radicales, que practican los mandamientos del Corán a pie de la letra, como aplicar el código penal de Sharia para los delitos religiosos.
La mayoría de las poblaciones musulmanas tienen una mezcla de las 4 tendencias. Pero en general, en los Balcanes, Rusia y las ex repúblicas soviéticas predominan las primeras 2, y en países como Pakistán, Arabia Saudita, Bangladesh y Jordania y predominan las últimas 2.
Los musulmanes radicales que pretenden establecer un estado confesional con un código civil y penal basado en el Corán se llaman islamistas.
A día de hoy, en varios países musulmanes hay una profunda división entre islamistas y laicos, que se ha radicalizado después de la Primavera Árabe, pero eso ya es otro tema de que hablaré en otro post.
Los medios de comunicación a menudo llaman “islamista” a cualquier musulmán, que no sólo es una terminología errónea, sino también crea una confusión potencialmente peligrosa.

La mayoría de la población kazaja son musulmanes, como los jóvenes de esta foto
La mayoría de la población kazaja son musulmanes modernos

La sociedad pakistaní es una de las más tradicionales
La sociedad pakistaní es una de las más tradicionales


domingo, 24 de Agosto de 2014

O FASCISMO ISLÂMICO





Pelo seu interesse, transcreve-se, com a devida vénia, o artigo de Alexandra Lucas Coelho hoje, no PÚBLICO:

O fascismo com esta sua nova roupa


1. No começo de Julho, ia começar a escrever uma crónica sobre o insucesso individual quando me apareceu no ecrã aquela parada rambo-style de AK-47 e bandeira negra proclamando a restauração do Califado pelo Estado Islâmico no Iraque e na Síria. Foi uma espécie de curto-circuito entre passado e presente, o ponto em que o fascismo volta com a sua mais nova roupa. Califado? Estado Islâmico? Aquilo era um exército demente no momento do seu sucesso. E desde então não ficou mais fraco, como esta semana o provou.

2. O nome tem variado, consoante o processo e as traduções: ISIS (Islamic State in Iraq and Syria), ISIL (Islamic State in Iraq and the Levant), IS (Islamic State). O elemento comum é Estado Islâmico, que agora parece ter-se fixado como nome completo. Depois do vídeo com a decapitação do repórter James Foley, que vi na versão sem os dez segundos da decapitação para ouvir o que e como era dito, pasmei com o mapa das zonas tomadas por eles. As margens do Eufrates, ao longo do Leste e do Norte da Síria, por onde viajei de transportes públicos, exactamente em Agosto, há apenas cinco anos. O Norte do Iraque, que corri com um tradutor sunita, e depois sozinha entre curdos, quando começou a guerra, em 2003. Hoje parece simplesmente outro milénio, como se os demónios da caixa então aberta se reproduzissem à velocidade com que teclamos. Aldeias, vilas, montanhas, cidades tomadas por carros potentes, com homens fardados de negro, que guiam como nos maus filmes de Hollywood, disparam como nos jogos de computador e filmam trailers com banda sonora, efeitos especiais e legendas sinistras: “Agora é a nossa vez.”

3. O interminável perfil das espingardas ao poente, o desfile triunfal dos mísseis, as bombas por controle remoto: todos os filmes postados pelo ISIS na Internet têm armas, tiroteios, explosões, execuções e combatentes louvando a camaradagem na jihad. Quem precisa de Leni Riefensthal ou do Rambo quando tem redes sociais? Hoje, o Twitter suspende as contas? Amanhã será um suporte chamado Diaspora. Nunca foi tão rápido ser fascista, se o dinheiro não é problema: para a propaganda, para o arsenal e para a recruta. Captura de zonas petrolíferas, extorsão, resgates, saques, tráfico de antiguidades, donativos, tudo somado e o líder do ISIS entra para a lista de bilionários da Forbes.

4. Abu Bakr al-Baghdadi, 43 anos, iraquiano de Samarra, é o mais recente sucessor de Bin Laden como homem do saco. Subi a espiral de Samarra em 2003, é a imagem mais próxima da Torre de Babel, uma Torre de Babel real que os homens têm subido desde o século IX, quando Samarra foi a capital do Califado. Leio que Abu Bakr tem um doutoramento em história islâmica. A retórica deste seu exército apela à história islâmica. Mas não é preciso termos ido a Samarra para saber que a retórica não bate com a história. Basta a história da Península Ibérica, que Abu Bakr, aliás, pretende conquistar. Ele diria reconquistar, porque o ISIS diz que quer o Al-Andaluz de volta. O problema com esta frase é que ela é uma contradição nos termos: o Al-Andaluz nunca foi o que Abu Bakr diz. Por outras palavras, o ISIS não quer um Estado Islâmico como no passado, nem o Al-Andaluz como no passado, nem o retorno do Califado. Abu Bakr está mais longe dos jardins do Al-Andaluz do que os taliban estão longe dos jardins de Babur, imperador poeta do Afeganistão, tetravô do homem que por amor fez o Taj Mahal. O que o ISIS tem revelado é mais parente de um fascismo com meios terroristas do século XX e propaganda do século XXI.

5. Encontrei o prosseguimento desta ideia num texto do filósofo inglês John Gray, disponível na BBC. Nunca tinha lido Gray e descobri-o com aquela incredulidade de quem de repente lê aquilo em que anda a pensar. O meu amigo André Barata, que costuma dar Gray aos alunos da licenciatura em filosofia, fez-me chegar rapidamente A Morte da Utopia, editado na Guerra & Paz. Resumindo muito, Gray não acredita na história enquanto progresso, tal como ela foi moldada pelo pensamento bíblico crente num apocalipse salvador, mas sim numa história cíclica, em que a natureza humana volta de cada vez, com a sua nova roupa, para fazer o que sempre tem feito. Um exemplo disso, é o regresso do uso da tortura por potências democráticas, como os Estados Unidos. Resumindo tudo, não ficamos melhores.

6. Comecei a ir ao Médio Oriente/Ásia Central em 2001. Em 13 anos, tudo me parece apenas pior, em alguns lugares irreversível, como na Síria e no Iraque. Grande parte do que vi já não existe, no caso da Síria passaram apenas cinco anos, e estamos a falar de milhares de anos de herança, cultural, social ou religiosa apagada do mapa. Estive nas terras dos yazidis, aquelas dezenas de milhares que agora morrem até enterrados vivos, mas tenho mais memória dos curdos. Estive lá no meio da guerra que abriu a caixa de Pandora, e aquela guerra hoje parece-me uma brincadeira perto do que se passa agora. James Foley era um freelancer. Que freelancers cobrirão agora esta zona do mundo? E mesmo não freelancers, com muito mais apoio? Quem vai contar esta história, além do ponto de vista dos embedded com as tropas americanas, de volta ao Norte do Iraque? Eu não viajaria sozinha pela Síria nem pelo Iraque, hoje. E é a primeira vez que penso isso sobre algum lugar.

7. Não há eles e nós porque só há nós. Nós estamos no meio de nós. E do buraco, do vazio, do vácuo, do beco, do ressentimento, o mal volta, cada vez menos banal. O ISIS já não se alimenta da banalidade do mal que sustentou o nazismo. O ISIS expande-se pelo terror e de forma profissional, como relatórios anuais de gastos e lucros, quantas bombas suicidas, quantas cabeças cortadas, contas claras para os dadores. E como Jason Burke, repórter que investigou bem a Al-Qaeda, explicou no Guardian, expande-se territorialmente de uma forma que a Al-Qaeda nunca ambicionou. O Boko Haram, que raptou as meninas na Nigéria, é só um dos braços desta nova era definitivamente pós-Al-Qaeda, diz Burke. Trata-se de território, de ter cidades, milhões de pessoas.

8. O que é que isto tem que ver com religião? Nada, e os crentes deverão ser os primeiros a dizê-lo. Os muçulmanos são quem mais perde com esta nova forma de fascismo, os primeiros interessados em rejeitá-la. O que é que isto tem que ver com Gaza, com a resistência palestiniana à ocupação? Nada. O que é que isto tem que ver com os filósofos do islão? Nada. Nem com os Califas, nem com o Alhambra.

9. Calcula-se que haja 500 britânicos e uns 700 franceses nas fileiras bélicas do ISIS. Não sei quem é este homem com sotaque talvez de East London, talvez vizinho da minha amiga que visitei no mês passado em Hackney. Talvez ele tenha viajado para aquele deserto só há umas semanas, e agora cortou a cabeça de James Foley. Não sei que beco deu errado com ele, mas é muito fácil um homem num beco deixar de ser um homem, e é com isso que o fascismo ganha a vida.

A CULPA DO OCIDENTE




A culpa do conflito que se verifica na Ucrânia, como é do conhecimento geral das pessoas honestas e razoavelmente informadas, é dos Estados Unidos e da União Europeia.

Surpreendentemente, a própria revista "Foreign Affairs" partilha dessa opinião, o que nos faz supor que "está o mundo às avessas".

Transcreve-se o artigo:

Why the Ukraine Crisis Is the West’s Fault

The Liberal Delusions That Provoked Putin


By John J. Mearsheimer

According to the prevailing wisdom in the West, the Ukraine crisis can be blamed almost entirely on Russian aggression. Russian President Vladimir Putin, the argument goes, annexed Crimea out of a long-standing desire to resuscitate the Soviet empire, and he may eventually go after the rest of Ukraine, as well as other countries in eastern Europe. In this view, the ouster of Ukrainian President Viktor Yanukovych in February 2014 merely provided a pretext for Putin’s decision to order Russian forces to seize part of Ukraine.

But this account is wrong: the United States and its European allies share most of the responsibility for the crisis. The taproot of the trouble is NATO enlargement, the central element of a larger strategy to move Ukraine out of Russia’s orbit and integrate it into the West. At the same time, the EU’s expansion eastward and the West’s backing of the pro-democracy movement in Ukraine -- beginning with the Orange Revolution in 2004 -- were critical elements, too. Since the mid-1990s, Russian leaders have adamantly opposed NATO enlargement, and in recent years, they have made it clear that they would not stand by while their strategically important neighbor turned into a Western bastion. For Putin, the illegal overthrow of Ukraine’s democratically elected and pro-Russian president -- which he rightly labeled a “coup” -- was the final straw. He responded by taking Crimea, a peninsula he feared would host a NATO naval base, and working to destabilize Ukraine until it abandoned its efforts to join the West. 

Putin’s pushback should have come as no surprise. After all, the West had been moving into Russia’s backyard and threatening its core strategic interests, a point Putin made emphatically and repeatedly. Elites in the United States and Europe have been blindsided by events only because they subscribe to a flawed view of international politics. They tend to believe that the logic of realism holds little relevance in the twenty-first century and that Europe can be kept whole and free on the basis of such liberal principles as the rule of law, economic interdependence, and democracy.

But this grand scheme went awry in Ukraine. The crisis there shows that realpolitik remains relevant -- and states that ignore it do so at their own peril. U.S. and European leaders blundered in attempting to turn Ukraine into a Western stronghold on Russia’s border. Now that the consequences have been laid bare, it would be an even greater mistake to continue this misbegotten policy.
U.S. and European leaders blundered in attempting to turn Ukraine into a Western stronghold on Russia’s border.
THE WESTERN AFFRONT

As the Cold War came to a close, Soviet leaders preferred that U.S. forces remain in Europe and NATO stay intact, an arrangement they thought would keep a reunified Germany pacified. But they and their Russian successors did not want NATO to grow any larger and assumed that Western diplomats understood their concerns. The Clinton administration evidently thought otherwise, and in the mid-1990s, it began pushing for NATO to expand.

The first round of enlargement took place in 1999 and brought in the Czech Republic, Hungary, and Poland. The second occurred in 2004; it included Bulgaria, Estonia, Latvia, Lithuania, Romania, Slovakia, and Slovenia. Moscow complained bitterly from the start. During NATO’s 1995 bombing campaign against the Bosnian Serbs, for example, Russian President Boris Yeltsin said, “This is the first sign of what could happen when NATO comes right up to the Russian Federation’s borders. ... The flame of war could burst out across the whole of Europe.” But the Russians were too weak at the time to derail NATO’s eastward movement -- which, at any rate, did not look so threatening, since none of the new members shared a border with Russia, save for the tiny Baltic countries.

Then NATO began looking further east. At its April 2008 summit in Bucharest, the alliance considered admitting Georgia and Ukraine. The George W. Bush administration supported doing so, but France and Germany opposed the move for fear that it would unduly antagonize Russia. In the end, NATO’s members reached a compromise: the alliance did not begin the formal process leading to membership, but it issued a statement endorsing the aspirations of Georgia and Ukraine and boldly declaring, “These countries will become members of NATO.” 

Moscow, however, did not see the outcome as much of a compromise. Alexander Grushko, then Russia’s deputy foreign minister, said, “Georgia’s and Ukraine’s membership in the alliance is a huge strategic mistake which would have most serious consequences for pan-European security.” Putin maintained that admitting those two countries to NATO would represent a “direct threat” to Russia. One Russian newspaper reported that Putin, while speaking with Bush, “very transparently hinted that if Ukraine was accepted into NATO, it would cease to exist.”

Russia’s invasion of Georgia in August 2008 should have dispelled any remaining doubts about Putin’s determination to prevent Georgia and Ukraine from joining NATO. Georgian President Mikheil Saakashvili, who was deeply committed to bringing his country into NATO, had decided in the summer of 2008 to reincorporate two separatist regions, Abkhazia and South Ossetia. But Putin sought to keep Georgia weak and divided -- and out of NATO. After fighting broke out between the Georgian government and South Ossetian separatists, Russian forces took control of Abkhazia and South Ossetia. Moscow had made its point. Yet despite this clear warning, NATO never publicly abandoned its goal of bringing Georgia and Ukraine into the alliance. And NATO expansion continued marching forward, with Albania and Croatia becoming members in 2009.

The EU, too, has been marching eastward. In May 2008, it unveiled its Eastern Partnership initiative, a program to foster prosperity in such countries as Ukraine and integrate them into the EU economy. Not surprisingly, Russian leaders view the plan as hostile to their country’s interests. This past February, before Yanukovych was forced from office, Russian Foreign Minister Sergey Lavrov accused the EU of trying to create a “sphere of influence” in eastern Europe. In the eyes of Russian leaders, EU expansion is a stalking horse for NATO expansion. 

The West’s final tool for peeling Kiev away from Moscow has been its efforts to spread Western values and promote democracy in Ukraine and other post-Soviet states, a plan that often entails funding pro-Western individuals and organizations. Victoria Nuland, the U.S. assistant secretary of state for European and Eurasian affairs, estimated in December 2013 that the United States had invested more than $5 billion since 1991 to help Ukraine achieve “the future it deserves.” As part of that effort, the U.S. government has bankrolled the National Endowment for Democracy. The nonprofit foundation has funded more than 60 projects aimed at promoting civil society in Ukraine, and the NED’s president, Carl Gershman, has called that country “the biggest prize.” After Yanukovych won Ukraine’s presidential election in February 2010, the NED decided he was undermining its goals, and so it stepped up its efforts to support the opposition and strengthen the country’s democratic institutions.

When Russian leaders look at Western social engineering in Ukraine, they worry that their country might be next. And such fears are hardly groundless. In September 2013, Gershman wrote in The Washington Post, “Ukraine’s choice to join Europe will accelerate the demise of the ideology of Russian imperialism that Putin represents.” He added: “Russians, too, face a choice, and Putin may find himself on the losing end not just in the near abroad but within Russia itself.”

CREATING A CRISIS
Imagine the American outrage if China built an impressive military alliance and tried to include Canada and Mexico.

The West’s triple package of policies -- NATO enlargement, EU expansion, and democracy promotion -- added fuel to a fire waiting to ignite. The spark came in November 2013, when Yanukovych rejected a major economic deal he had been negotiating with the EU and decided to accept a $15 billion Russian counteroffer instead. That decision gave rise to antigovernment demonstrations that escalated over the following three months and that by mid-February had led to the deaths of some one hundred protesters. Western emissaries hurriedly flew to Kiev to resolve the crisis. On February 21, the government and the opposition struck a deal that allowed Yanukovych to stay in power until new elections were held. But it immediately fell apart, and Yanukovych fled to Russia the next day. The new government in Kiev was pro-Western and anti-Russian to the core, and it contained four high-ranking members who could legitimately be labeled neofascists. 

Although the full extent of U.S. involvement has not yet come to light, it is clear that Washington backed the coup. Nuland and Republican Senator John McCain participated in antigovernment demonstrations, and Geoffrey Pyatt, the U.S. ambassador to Ukraine, proclaimed after Yanukovych’s toppling that it was “a day for the history books.” As a leaked telephone recording revealed, Nuland had advocated regime change and wanted the Ukrainian politician Arseniy Yatsenyuk to become prime minister in the new government, which he did. No wonder Russians of all persuasions think the West played a role in Yanukovych’s ouster.

For Putin, the time to act against Ukraine and the West had arrived. Shortly after February 22, he ordered Russian forces to take Crimea from Ukraine, and soon after that, he incorporated it into Russia. The task proved relatively easy, thanks to the thousands of Russian troops already stationed at a naval base in the Crimean port of Sevastopol. Crimea also made for an easy target since ethnic Russians compose roughly 60 percent of its population. Most of them wanted out of Ukraine. 

Next, Putin put massive pressure on the new government in Kiev to discourage it from siding with the West against Moscow, making it clear that he would wreck Ukraine as a functioning state before he would allow it to become a Western stronghold on Russia’s doorstep. Toward that end, he has provided advisers, arms, and diplomatic support to the Russian separatists in eastern Ukraine, who are pushing the country toward civil war. He has massed a large army on the Ukrainian border, threatening to invade if the government cracks down on the rebels. And he has sharply raised the price of the natural gas Russia sells to Ukraine and demanded payment for past exports. Putin is playing hardball.

THE DIAGNOSIS

Putin’s actions should be easy to comprehend. A huge expanse of flat land that Napoleonic France, imperial Germany, and Nazi Germany all crossed to strike at Russia itself, Ukraine serves as a buffer state of enormous strategic importance to Russia. No Russian leader would tolerate a military alliance that was Moscow’s mortal enemy until recently moving into Ukraine. Nor would any Russian leader stand idly by while the West helped install a government there that was determined to integrate Ukraine into the West. 

Washington may not like Moscow’s position, but it should understand the logic behind it. This is Geopolitics 101: great powers are always sensitive to potential threats near their home territory. After all, the United States does not tolerate distant great powers deploying military forces anywhere in the Western Hemisphere, much less on its borders. Imagine the outrage in Washington if China built an impressive military alliance and tried to include Canada and Mexico in it. Logic aside, Russian leaders have told their Western counterparts on many occasions that they consider NATO expansion into Georgia and Ukraine unacceptable, along with any effort to turn those countries against Russia -- a message that the 2008 Russian-Georgian war also made crystal clear.

Officials from the United States and its European allies contend that they tried hard to assuage Russian fears and that Moscow should understand that NATO has no designs on Russia. In addition to continually denying that its expansion was aimed at containing Russia, the alliance has never permanently deployed military forces in its new member states. In 2002, it even created a body called the NATO-Russia Council in an effort to foster cooperation. To further mollify Russia, the United States announced in 2009 that it would deploy its new missile defense system on warships in European waters, at least initially, rather than on Czech or Polish territory. But none of these measures worked; the Russians remained steadfastly opposed to NATO enlargement, especially into Georgia and Ukraine. And it is the Russians, not the West, who ultimately get to decide what counts as a threat to them.

To understand why the West, especially the United States, failed to understand that its Ukraine policy was laying the groundwork for a major clash with Russia, one must go back to the mid-1990s, when the Clinton administration began advocating NATO expansion. Pundits advanced a variety of arguments for and against enlargement, but there was no consensus on what to do. Most eastern European émigrés in the United States and their relatives, for example, strongly supported expansion, because they wanted NATO to protect such countries as Hungary and Poland. A few realists also favored the policy because they thought Russia still needed to be contained. 

But most realists opposed expansion, in the belief that a declining great power with an aging population and a one-dimensional economy did not in fact need to be contained. And they feared that enlargement would only give Moscow an incentive to cause trouble in eastern Europe. The U.S. diplomat George Kennan articulated this perspective in a 1998 interview, shortly after the U.S. Senate approved the first round of NATO expansion. “I think the Russians will gradually react quite adversely and it will affect their policies,” he said. “I think it is a tragic mistake. There was no reason for this whatsoever. No one was threatening anyone else.”
The United States and its allies should abandon their plan to westernize Ukraine and instead aim to make it a neutral buffer.
Most liberals, on the other hand, favored enlargement, including many key members of the Clinton administration. They believed that the end of the Cold War had fundamentally transformed international politics and that a new, postnational order had replaced the realist logic that used to govern Europe. The United States was not only the “indispensable nation,” as Secretary of State Madeleine Albright put it; it was also a benign hegemon and thus unlikely to be viewed as a threat in Moscow. The aim, in essence, was to make the entire continent look like western Europe.

And so the United States and its allies sought to promote democracy in the countries of eastern Europe, increase economic interdependence among them, and embed them in international institutions. Having won the debate in the United States, liberals had little difficulty convincing their European allies to support NATO enlargement. After all, given the EU’s past achievements, Europeans were even more wedded than Americans to the idea that geopolitics no longer mattered and that an all-inclusive liberal order could maintain peace in Europe. 

So thoroughly did liberals come to dominate the discourse about European security during the first decade of this century that even as the alliance adopted an open-door policy of growth, NATO expansion faced little realist opposition. The liberal worldview is now accepted dogma among U.S. officials. In March, for example, President Barack Obama delivered a speech about Ukraine in which he talked repeatedly about “the ideals” that motivate Western policy and how those ideals “have often been threatened by an older, more traditional view of power.” Secretary of State John Kerry’s response to the Crimea crisis reflected this same perspective: “You just don’t in the twenty-first century behave in nineteenth-century fashion by invading another country on completely trumped-up pretext.”

In essence, the two sides have been operating with different playbooks: Putin and his compatriots have been thinking and acting according to realist dictates, whereas their Western counterparts have been adhering to liberal ideas about international politics. The result is that the United States and its allies unknowingly provoked a major crisis over Ukraine. 

BLAME GAME

In that same 1998 interview, Kennan predicted that NATO expansion would provoke a crisis, after which the proponents of expansion would “say that we always told you that is how the Russians are.” As if on cue, most Western officials have portrayed Putin as the real culprit in the Ukraine predicament. In March, according to The New York Times, German Chancellor Angela Merkel implied that Putin was irrational, telling Obama that he was “in another world.” Although Putin no doubt has autocratic tendencies, no evidence supports the charge that he is mentally unbalanced. On the contrary: he is a first-class strategist who should be feared and respected by anyone challenging him on foreign policy. 

Other analysts allege, more plausibly, that Putin regrets the demise of the Soviet Union and is determined to reverse it by expanding Russia’s borders. According to this interpretation, Putin, having taken Crimea, is now testing the waters to see if the time is right to conquer Ukraine, or at least its eastern part, and he will eventually behave aggressively toward other countries in Russia’s neighborhood. For some in this camp, Putin represents a modern-day Adolf Hitler, and striking any kind of deal with him would repeat the mistake of Munich. Thus, NATO must admit Georgia and Ukraine to contain Russia before it dominates its neighbors and threatens western Europe. 

This argument falls apart on close inspection. If Putin were committed to creating a greater Russia, signs of his intentions would almost certainly have arisen before February 22. But there is virtually no evidence that he was bent on taking Crimea, much less any other territory in Ukraine, before that date. Even Western leaders who supported NATO expansion were not doing so out of a fear that Russia was about to use military force. Putin’s actions in Crimea took them by complete surprise and appear to have been a spontaneous reaction to Yanukovych’s ouster. Right afterward, even Putin said he opposed Crimean secession, before quickly changing his mind. 

Besides, even if it wanted to, Russia lacks the capability to easily conquer and annex eastern Ukraine, much less the entire country. Roughly 15 million people -- one-third of Ukraine’s population -- live between the Dnieper River, which bisects the country, and the Russian border. An overwhelming majority of those people want to remain part of Ukraine and would surely resist a Russian occupation. Furthermore, Russia’s mediocre army, which shows few signs of turning into a modern Wehrmacht, would have little chance of pacifying all of Ukraine. Moscow is also poorly positioned to pay for a costly occupation; its weak economy would suffer even more in the face of the resulting sanctions.

But even if Russia did boast a powerful military machine and an impressive economy, it would still probably prove unable to successfully occupy Ukraine. One need only consider the Soviet and U.S. experiences in Afghanistan, the U.S. experiences in Vietnam and Iraq, and the Russian experience in Chechnya to be reminded that military occupations usually end badly. Putin surely understands that trying to subdue Ukraine would be like swallowing a porcupine. His response to events there has been defensive, not offensive.

A WAY OUT

Given that most Western leaders continue to deny that Putin’s behavior might be motivated by legitimate security concerns, it is unsurprising that they have tried to modify it by doubling down on their existing policies and have punished Russia to deter further aggression. Although Kerry has maintained that “all options are on the table,” neither the United States nor its NATO allies are prepared to use force to defend Ukraine. The West is relying instead on economic sanctions to coerce Russia into ending its support for the insurrection in eastern Ukraine. In July, the United States and the EU put in place their third round of limited sanctions, targeting mainly high-level individuals closely tied to the Russian government and some high-profile banks, energy companies, and defense firms. They also threatened to unleash another, tougher round of sanctions, aimed at whole sectors of the Russian economy. 

Such measures will have little effect. Harsh sanctions are likely off the table anyway; western European countries, especially Germany, have resisted imposing them for fear that Russia might retaliate and cause serious economic damage within the EU. But even if the United States could convince its allies to enact tough measures, Putin would probably not alter his decision-making. History shows that countries will absorb enormous amounts of punishment in order to protect their core strategic interests. There is no reason to think Russia represents an exception to this rule.

Western leaders have also clung to the provocative policies that precipitated the crisis in the first place. In April, U.S. Vice President Joseph Biden met with Ukrainian legislators and told them, “This is a second opportunity to make good on the original promise made by the Orange Revolution.” John Brennan, the director of the CIA, did not help things when, that same month, he visited Kiev on a trip the White House said was aimed at improving security cooperation with the Ukrainian government.

The EU, meanwhile, has continued to push its Eastern Partnership. In March, José Manuel Barroso, the president of the European Commission, summarized EU thinking on Ukraine, saying, “We have a debt, a duty of solidarity with that country, and we will work to have them as close as possible to us.” And sure enough, on June 27, the EU and Ukraine signed the economic agreement that Yanukovych had fatefully rejected seven months earlier. Also in June, at a meeting of NATO members’ foreign ministers, it was agreed that the alliance would remain open to new members, although the foreign ministers refrained from mentioning Ukraine by name. “No third country has a veto over NATO enlargement,” announced Anders Fogh Rasmussen, NATO’s secretary-general. The foreign ministers also agreed to support various measures to improve Ukraine’s military capabilities in such areas as command and control, logistics, and cyberdefense. Russian leaders have naturally recoiled at these actions; the West’s response to the crisis will only make a bad situation worse. 

There is a solution to the crisis in Ukraine, however -- although it would require the West to think about the country in a fundamentally new way. The United States and its allies should abandon their plan to westernize Ukraine and instead aim to make it a neutral buffer between NATO and Russia, akin to Austria’s position during the Cold War. Western leaders should acknowledge that Ukraine matters so much to Putin that they cannot support an anti-Russian regime there. This would not mean that a future Ukrainian government would have to be pro-Russian or anti-NATO. On the contrary, the goal should be a sovereign Ukraine that falls in neither the Russian nor the Western camp.

To achieve this end, the United States and its allies should publicly rule out NATO’s expansion into both Georgia and Ukraine. The West should also help fashion an economic rescue plan for Ukraine funded jointly by the EU, the International Monetary Fund, Russia, and the United States -- a proposal that Moscow should welcome, given its interest in having a prosperous and stable Ukraine on its western flank. And the West should considerably limit its social-engineering efforts inside Ukraine. It is time to put an end to Western support for another Orange Revolution. Nevertheless, U.S. and European leaders should encourage Ukraine to respect minority rights, especially the language rights of its Russian speakers. 

Some may argue that changing policy toward Ukraine at this late date would seriously damage U.S. credibility around the world. There would undoubtedly be certain costs, but the costs of continuing a misguided strategy would be much greater. Furthermore, other countries are likely to respect a state that learns from its mistakes and ultimately devises a policy that deals effectively with the problem at hand. That option is clearly open to the United States.

One also hears the claim that Ukraine has the right to determine whom it wants to ally with and the Russians have no right to prevent Kiev from joining the West. This is a dangerous way for Ukraine to think about its foreign policy choices. The sad truth is that might often makes right when great-power politics are at play. Abstract rights such as self-determination are largely meaningless when powerful states get into brawls with weaker states. Did Cuba have the right to form a military alliance with the Soviet Union during the Cold War? The United States certainly did not think so, and the Russians think the same way about Ukraine joining the West. It is in Ukraine’s interest to understand these facts of life and tread carefully when dealing with its more powerful neighbor.

Even if one rejects this analysis, however, and believes that Ukraine has the right to petition to join the EU and NATO, the fact remains that the United States and its European allies have the right to reject these requests. There is no reason that the West has to accommodate Ukraine if it is bent on pursuing a wrong-headed foreign policy, especially if its defense is not a vital interest. Indulging the dreams of some Ukrainians is not worth the animosity and strife it will cause, especially for the Ukrainian people. 

Of course, some analysts might concede that NATO handled relations with Ukraine poorly and yet still maintain that Russia constitutes an enemy that will only grow more formidable over time -- and that the West therefore has no choice but to continue its present policy. But this viewpoint is badly mistaken. Russia is a declining power, and it will only get weaker with time. Even if Russia were a rising power, moreover, it would still make no sense to incorporate Ukraine into NATO. The reason is simple: the United States and its European allies do not consider Ukraine to be a core strategic interest, as their unwillingness to use military force to come to its aid has proved. It would therefore be the height of folly to create a new NATO member that the other members have no intention of defending. NATO has expanded in the past because liberals assumed the alliance would never have to honor its new security guarantees, but Russia’s recent power play shows that granting Ukraine NATO membership could put Russia and the West on a collision course.

Sticking with the current policy would also complicate Western relations with Moscow on other issues. The United States needs Russia’s assistance to withdraw U.S. equipment from Afghanistan through Russian territory, reach a nuclear agreement with Iran, and stabilize the situation in Syria. In fact, Moscow has helped Washington on all three of these issues in the past; in the summer of 2013, it was Putin who pulled Obama’s chestnuts out of the fire by forging the deal under which Syria agreed to relinquish its chemical weapons, thereby avoiding the U.S. military strike that Obama had threatened. The United States will also someday need Russia’s help containing a rising China. Current U.S. policy, however, is only driving Moscow and Beijing closer together. 

The United States and its European allies now face a choice on Ukraine. They can continue their current policy, which will exacerbate hostilities with Russia and devastate Ukraine in the process -- a scenario in which everyone would come out a loser. Or they can switch gears and work to create a prosperous but neutral Ukraine, one that does not threaten Russia and allows the West to repair its relations with Moscow. With that approach, all sides would win.


sábado, 23 de Agosto de 2014

SALAMANDRA, O RÉPTIL DO FOGO




Não consegue ser sublime mas é certamente um livro excepcional. Em Salamandre, Gilles Sebhan, autor de obras como Domodossola, le suicide de Jean Genet ou Tony Duvert, l'enfant silencieux, mergulha nos recônditos da natureza humana e detém-se nos pensamentos jamais confessados e nos comportamentos só imagináveis por um venturoso grupo de iniciados, aquela extensa faixa supostamente marginal que não sacrifica no altar erigido ao pensamento dominante.

O livro compreende cinco partes. Na primeira e na quarta o cenário é um vídeodromo, isto é, um cinema (parisiense) de filmes pornográficos (uma espécie do Olympia lisboeta de outrora, lamentavelmente inutilizado devido à avidez de Filipe la Féria) mas com uma zona de cabinas de vídeo para satisfação mútua dos clientes e dos seus jovens colaboradores, aquilo a que poderíamos chamar postos de atendimento. Os clientes são das mais variadas profissões e condições sociais. Os oficiantes são rapazes, maioritariamente árabes, africanos ou dos países de Leste: sérvios, romenos, búlgaros, e por aí fora, até ciganos e kosovares. A quarta parte é a sequência da primeira mas podem ser simultâneas, de tal forma o autor baralha o percurso do tempo e das personagens. Mas há um fio condutor: Salamandre, um cliente enigmático, foi assassinado na cabina número três. Ao encerrar o estabelecimento, o guarda encontrou o corpo que jazia apunhalado no cubículo, no ambiente habitual das exíguas cabinas no final do dia: um odor fétido e um cenário de sangue, suor e esperma.

A salamandra é um animal estranho que vive dentro do fogo. Santo Agostinho refere-se-lhe n'A Cidade de Deus e Jorge Luis Borges em El Libro de los seres imaginários. De facto, a obra que se comenta pretende ser uma descida aos Infernos (ou uma ascensão ao Paraíso, depende da perspectiva) e o autor não fica distante. A descrição da actividade exercida naquele antro agónico tem algo de sacrificial, decorre segundo rituais antigos, aceites e imutáveis, indiferentes ao desenrolar das civilizações. O livro é, no espírito, devedor a Genet, e também a Duvert, e não poderia ser de outra forma.

A segunda parte é o diário (1985-1986) de um jovem professor (27 anos) de literatura francesa na escola da Marinha Real de Casablanca, realmente a École Royale Navale, que prepara os futuros oficiais do Reino. O professor vive num apartamento de três divisões no centro de Casablanca. A casa é limpa por um adolescente, Mouloud, que se lhe apresentou à porta no dia da chegada e se propôs o serviço, pretendendo ser um garçon de ménage. O professor ignora tudo a seu respeito, mesmo a idade ou se à noite regressa a casa ou dorme na rua. Mas aceitou-o porque, ainda que este génio do lugar não saiba sequer estrelar um ovo, possui um encanto especial e é dotado de um sexo grandioso.

Ao longo de quase dois anos, até ser demitido das suas funções porque, segundo o comandante da escola, os alunos se excitam com as calças demasiado justas do jovem mestre, Salamandre (é esta a alcunha que os frequentadores do vídeodromo darão mais tarde ao professor) anota no seu diário os factos mais relevantes da sua estada na cidade: a preocupação com a educação de Mouloud; o conhecimento, num concerto, de uma enigmática Khadidja (que se apresenta como Hélène) casada mas com um marido habitualmente em viagens de negócios; a figura assustadora de Didier, um adolescente com vocação de torcionário, que tenta envolvê-lo num crime; a tentativa de sedução por parte de Hélène (sedução de quem? do professor ou do próprio Mouloud?); a proposta de um negócio escuro por parte de Didier; a consumação carnal que se perfilava no horizonte: Mouloud, o professor (agora mais pai do jovem do que amante) e Khadidja (a mãe emprestada ao jovem). Transcreve-se o pseudo-incestuoso acto familiar:

«Hélène a fait glisser sa petite robe noire, comme un serpent se glisse hors de sa peau. Je ne sais pas pourquoi cette image m'a conduit au bord de l'évanouissement. Mouloud a ouvert son pantalon tout neuf et il a baissé un vieux slip dont j'avais oublié l'existence. Il y avait toujours eu chez lui ce côté très impudique. J'ai eu peur de ce qui allait advenir ensuite. Mais Mouloud a guidé mon visage, ma main puis mon sexe jusqu'à Hélène qui avait décidé de se donner à nous. Je me suis retrouvé sur elle, peau à peau. Je tremblais peut-être. J'étais heureux. Mouloud encore demi-habillé me surmontait et je sentais son sexe impérial me frôler tandis qu'il pénétrait Hélène gémissante comme si je l'avais fait moi-même.»

O diário termina com a confissão do projecto de um roubo, arquitectado por Didier.

A terceira parte é o diário (1998-2007) do professor ou, se preferirmos, de Salamandre,  retomado após os doze anos de prisão. O objecto do roubo fora um Matisse. O professor vive agora numa pensão perto da Gare du Nord (Barbès), e apenas sai à noite. Conseguiu emprego como guarda-nocturno num parque de estacionamento. Os outros dois colegas são árabes. No exame médico para admissão o clínico observa-lhe a salamandra que tem tatuada no corpo. Com o correr do tempo, resolve ir ao cinema porno La Scala, no boulevard de Strasbourg (o edifício foi adquirido em 2000 para lugar de culto da Igreja Universal do Reino de Deus, mas a municipalidade de Paris ainda não autorizou a afectação). O "cinéfilo" pode deambular ao seu gosto pelas cinco salas. "Il y a toujours un jeune Turc, un vieil Arabe, une troupe de Pakistanais, pour égayer l'obscurité." Salamandre começa a frequentá-lo. E assim vai passando sucessivamente da escuridão do parque de estacionamento à escuridão do cinema. Um dia, no Verão de 99, depara-se com os cartazes que indicam o encerramento do cinema. "Ce monde, qui témoignait d'une époque déjà révolue, disparaissait à son tour. C'était non pas un monde, mais le souvenir d'un monde, qui venait de disparaître, vendu comme je l'ai appris ensuite à une secte apocalyptique." A seguir, é a descoberta de uma sala de jogos vídeo na esquina da rua Saint-Denis, frequentada por "gosses aux allures violentes". Num cybercafé, com a ajuda de um cliente, descobre a foto de Khadidja e escreve-lhe a pedir notícias. Esta não responde.

Um dia, estamos já em 2007, Malek, o filho do dono da pensão, bate-lhe à porta do quarto. Avisa-o de que, em baixo, um rapaz o procura. Desce as escadas e, junto ao balcão, um jovem de baskets, de jean e de T-shirt está encostado ao balcão. É a cara chapada de Mouloud. Mas não é Mouloud, é o filho de Mouloud. Este conta-lhe como o conseguiu descobrir através da internet, diz-lhe que o pai morreu e que a mãe se chama Khadidja. E passam ambos às confissões mútuas do passado. Malek arranja ao jovem um quarto da pensão provisoriamente desocupado mas regressado o locatário, passa a dormir no chão no quarto do pseudo-pai. Porque o rapaz não possui um cêntimo, Salamandre consegue-lhe um emprego através de papéis falsos. Mas a presença no quarto do rapaz, que se assemelha como uma cópia ao jovem outrora amado, perturba Salamandre, obrigando-o a procurar diariamente nas cabinas o indispensável alívio. Chega finalmente o momento em que os dois corpos se unem, para satisfação especial de Mouloud (filho) que queria saber quem o pai tinha amado. Todas as noites o rapaz se esgueira para a cama de Salamandre, que agora tenta evitá-lo (escrúpulos?), mas vai acabando por ceder às investidas impetuosas do jovem. Entretanto, o rapaz abandona o emprego, mas continua a viver na pensão, a expensas de Salamandre que pensa reenviá-lo para Marrocos. Um dia em que Salamandre regressa mais cedo ao quarto, surge inesperadamente Mouloud. Mas não vem só, um homem acompanha-o. Salamandre não precisa que lhe façam um desenho: cumprimenta o homem e sai. Mouloud usa agora roupas novas, rutilantes, encontrou a sua vocação. "Tu voulais que je travaille, a-t-il lancé, je crois que j'ai tout ce qu'il faut pour bosser. Et il a eu ce geste obscène. Dans ses yeux luisait le défi. Cet enfant était beau, il aurait été difficile de le nier. Mais fêlé, je m'en apercevais. Je vais aller traîner  dans ton truc et venir te faire chier. On va bien voir si je suis moins doué qu'un autre pour faire payer des types come toi. Des  dégueulasses comme toi qui ne savent pas aimer. Je l'ai giflé avant même d'en avoir eu l'idée et il m'a craché au visage. Et si on se rencontre là-bas, on fera semblant de ne pas se connaître, a-t-il braillé."

A quarta parte, como se escreveu acima, passa-se outra vez no vídeodromo. O movimento habitual dos rapazes, o vai-vem dos clientes nas cabinas, a discussão do preço e do serviço, os comentários à morte de Salamandre. Alguns meses antes da morte deste, aparecera no local um rapagão, de olhos brilhantes e de grande beleza, mas aparentemente tímido como uma criança. Um cliente que experimentou os seus serviços, confiou: "Une vraie perfection, mais alors à l'état brut, il ne sait rien faire, il faut encore le guider, dans quelques semaines il sera parfait, dans quelques mois il sera pourri, enfin vous savez comment ces choses fonctionnent, mais non, c'était très bien. Il n'a pas l'air idiot comme souvent et on peut avoir une conversation entre les prises, si vous voyez ce que je veux dire. C'est un Marocain, paraît-il, et il prétend qu'il vient d'arriver." O rapaz causou boa impressão e tornou-se o preferido dos frequentadores, que passaram a designá-lo por "Mouloud, le Marocain".

A quinta parte é dedicada aos testemunhos recolhidos pela polícia após o crime. São ouvidos o guarda, alguns clientes (entre os quais um expert en art, amigo da vítima) e alguns rapazes (Mouloud incluído). Depoimento do expert: «Moi j'ai dit plusieurs fois à cet homme qu'il ne devait pas laisser ces garçons se comporter comme ça avec lui. Il avait tendance à leur donner de très mauvaises habitudes, et ils n'ont pas besoin de ça. Ce sont des gosses, souvent peu sages et peu réfléchis, pas foncièrement mauvais si on sait les prendre mais si vous leur laissez la bride sur cou, ce peut être très vite n'importe quoi. Il faut savoir que la plupart ont fait ou feront de la prison. Et pour des motifs futiles, ils peuvent devenir méchants. Je lui ai dit ne les tentez pas en leur donner trop d'argent. Mais c'était comme un fou au milieu d'une kyrielle d'enfants, qui aurait distribué des centaines de jouets. Parfois, il me faisait songer à ce personnage de Soudain l'été dernier. Il y a cette scène à la fin, le type se fait poursuivre et dévorer par les jeunes miséreux de la plage. Celui que certains appelaient Salamandre avait ce côté victime sacrificiel. Quand ils le voyaient arriver, le gamins se ruaient sur lui. Parfois, ils le tabassaient dans les toilettes, ils s'en donnaient à coeur joie. Imaginez, être payés pour malmener un client et lui faire les poches. Mais que voulez-vous, lui adorait ça.»

Mencionámos os mais significativos factos estruturantes da obra. Mas é na sua tessitura, aqui impossível de transmitir ao leitor, que se encontra a excelência da estória narrada por Gilles Sebhan, a katábasis do professor que percorre uma via-sacra de erotismo e violência, cujas estações vão do liceu de Casablanca à rua Saint-Denis. Uma estória em que a ficção se mistura com a realidade, num universo de referências culturais que convoca, além dos escritores já referidos, outros autores malditos, alguns pouco conhecidos, como Sandro Penna, Augièras ou Jean Sénac.

De alguma forma, poderia dizer-se que Salamandre é uma obra religiosa em que uma vítima é oferecida em holocausto aos deuses do Averno.

quarta-feira, 20 de Agosto de 2014

O REGRESSO DE NANI




Segundo o jornal "i", e para alegria de muitos adeptos, Nani regressa ao Sporting, sete anos depois da sua partida para Inglaterra. O jogador português, de naturalidade caboverdeana, ingressara em 2007 no Manchester United, onde então se encontrava Cristiano Ronaldo (les beaux esprits se rencontrent), tendo sido muito bem acolhido e incentivado pelo treinador da época, Sir Alex Ferguson.


Nani é agora emprestado graciosamente por um ano ao Sporting, em troca do argentino Marcos Rojo por quem o Manchester pagará ainda 20 milhões de euros ao clube de Alvalade, em cujo relvado o jogador agora de volta se celebrizou pelas suas extraordinárias piruetas.


Agora com 27 anos, Nani encontra-se em excelente forma física e o seu regresso é motivo de regozijo para todos os seus admiradores.


sexta-feira, 15 de Agosto de 2014

LUCREZIA BORGIA




Foi recentemente distribuida a edição em DVD do extraordinário espectáculo apresentado pela Ópera de San Francisco em 2011: Lucrezia Borgia, de Donizetti.

Trata-se de uma das grandes produções operáticas dos último anos. Este título não faz parte do repertório habitual dos teatros líricos pois exige vozes excepcionais, que infelizmente não abundam.


A realização de San Francisco contou com a interpretação de Renée Fleming (em Lucrezia), Michael Fabiano (em Gennaro), Elizabeth DeShong (em Orsini) e Vitalij Kowaljow (no Duque de Ferrara, Alfonso d'Este). A notável encenação (numa altura em que, por todo o mundo, se assiste a improváveis e insustentáveis encenações pretensamente "modernas") esteve a cargo de John Pascoe e a Orquestra da Ópera de San Francisco foi dirigida por Riccardo Frizza.


Não pretendendo descrever o espectáculo, direi tão só (mérito da encenação) que (talvez por o espectáculo ocorrer em San Francisco) a ligação de profunda amizade entre Gennaro (o filho ignorado de Lucrezia) e o seu companheiro de armas Orsini (aliás desempenhado em travesti, de acordo com Donizetti, e é pena) constante da peça de Victor Hugo, que serve de base ao libretto de Felice Romani, é exteriorizada de forma tão evidente que o espectador será levado a interrogar-se se Gennaro estará apaixonado pela mãe (cuja maternidade ainda desconhece) ou antes pelo amigo, com quem fizera um juramento de viver e morrer juntos.

Michael Fabiano e Renée Fleming

Acrescente-se que a prestação de Renée Fleming é, como habitualmente, do mais elevado nível, neste caso bem acompanhada pelo tenor americano Michael Fabiano.


Para os melómanos, registamos a gravação da ópera:



BILDERBERG, OUTRA VEZ




Chamam-lhes teorias da conspiração, mas é como dizia Cervantes a respeito das bruxas: "No creo en brujas, pero que las hay, las hay".


Transcrevemos o artigo publicado hoje no jornal "i":



Clube Bilderberg. Há 60 anos a mexer cordelinhos para subjugar o mundo e impor uma nova ordem



Há uma sociedade secreta e restrita, de que Francisco Pinto Balsemão faz parte, que tem um plano para dominar a Terra. O Clube Bilderberg estará a usar a ONU, o FMI e até o Vaticano para impor uma nova ordem mundial. Até lá vai fazendo o que pode, há quem fale em atentados terroristas e na promoção dos Beatles

São chamados os “senhores do mundo”. O Clube Bilderberg foi criado em Maio de 1954 na Holanda e, nas últimas décadas, recrutou os mais importantes políticos, banqueiros, donos de petrolíferas e grupos de media, influentes industriais, empresários e académicos de todo o mundo. A sociedade secreta reúne-se uma vez por ano numa conferência cuja agenda não é pública e para a qual são convidadas apenas 140 pessoas. Poucos encontros têm sido alvo de tantas tentativas de escrutínio, mas, ainda assim, pouco ou nada se sabe sobre o que acontece na Conferência Anual de Bilderberg. E o mistério, já se sabe, é o melhor aliado das teorias da conspiração.

Um jornalista lituano, Daniel Estulin, escreveu um livro polémico que garante que na realidade o clube tem um único propósito: comandar o mundo e impor uma nova ordem mundial. Enquanto não conseguem alcançar o desígnio, os líderes do Bilderberg vão tentando controlar o que podem. “A verdadeira história do Clube Bilderberg” conta como o clube mais exclusivo do mundo promoveu a ascensão dos Beatles, fez eclodir o caso Watergate e planeou o 11 de Setembro. A pouco e pouco, garante Daniel Estulin, os Bilderberg vão abrindo caminho para o seu objectivo maior: subjugar o mundo a um único governo, uma única moeda, um único exército e um só sistema judicial e de educação. Tudo com o apoio da ONU – que servirá de instrumento para conseguir o domínio completo de todas as nações.

Uma parte importante do plano passa por conseguir o comando dos países emergentes e subdesenvolvidos que detêm reservas minerais – da água ao petróleo. É aqui que entram uma série de ONG ambientalistas que no terreno vão desaculturando os povos e semeando a discórdia e a fome. “Bilderberg é a potência económica e financeira que necessita de controlar toda a alimentação. Para isto quer destruir toda a economia para poder reduzir a população mundial”, repete Daniel Estulin nas entrevistas que vai dando um pouco por todo o mundo.

O poder mundial seria composto pelos “controladores”, por agentes conscientes (partidos políticos) e por agentes inconscientes. A dominação, explica o jornalista, é feita através da ideologia e, se necessário, com recurso ao terrorismo. Da lista de controladores constam, entre outros, o FMI, o Vaticano e a OCDE. Daniel Estulin garante que estes organismos estão incumbidos de actuar no sentido de eliminar a ideia de soberania nacional e as forças armadas de cada país. Estão, portanto, ao serviço de proprietários de bancos, de multinacionais, primeiros-ministros, chefes de Estado e editores dos principais jornais do mundo.

E é assim que, nas últimas décadas, o grupo tem manipulado várias nações, apoderando-se de petróleo, vendendo armamento a países em guerra, levando à fome muitos dos países em vias de desenvolvimento. E a Igreja Católica, garante o lituano, participa activamente nesta cruzada. De tal forma que um dos principais líderes do clube será um dos superiores-gerais da Companhia de Jesus.
A vasta e perigosa investigação do jornalista sobre o restrito clube de milionários tem-lhe rendido uma série de dissabores. Recentemente, Daniel Estulin contou que é vigiado 24 horas por dia por equipas de antigos agentes especiais do KGB. E que uma mulher vestida de vermelho tentou seduzi-lo num hotel para depois se atirar de uma janela e o implicar num caso de homicídio. Antes disso, alguém já teria tentado matá-lo sabotando um elevador.


Em Portugal, só Francisco Pinto Balsemão, membro da direcção do Bilderberg, poderá confirmar se a teoria do jornalista lituano é ou não verdadeira. Coube ao dono da Impresa organizar o único encontro anual em território nacional, que decorreu debaixo de secretismo algures no concelho de Sintra em 1999. Talvez Paulo Portas e António José Seguro – convidados por Balsemão para participarem na última reunião – possam dar uma ajuda. Sabe-se que estiveram em discussão o crescimento económico e a criação de emprego nos Estados Unidos e na Europa, o nacionalismo, a guerra contra o ciberterrorismo e os desafios que o continente enfrenta (apesar de não ter estado presente qualquer líder ou personalidade de África).

Desde a década de 1950, terão passado pela conferência perto de 70 personalidades portuguesas. Em 2013, a lista de convidados incluiu o presidente da Comissão Europeia, Durão Barroso, a directora-geral do FMI, Christine Lagarde, os ex-primeiros-ministros de Itália e de França Mario Monti e François Fillon, além dos presidentes da Amazon e da Google. Entre os 140 nomes escolhidos no ano passado, segundo se escreveu e pôde apurar, estavam apenas os de 14 mulheres. 

Outras teorias:
Maçonaria. Já foram secretos, agora são só discretos 



A versão oficial conta que os maçons apareceram no final da Idade Média, quando alguns pedreiros – que equivalem aos nossos arquitectos, engenheiros, empreiteiros e afins – decidiram começar a encontrar-se em lojas para discutir as complexidades e especificidades do ofício. Em 1717, quatro lojas juntaram-se e deram início à Grande Loja de Londres – o marco da criação da maçonaria. Com o tempo, já nos séculos xviii e xix, os encontros começaram a ser frequentados por gente influente, proveniente de todos os meandros. Os maçons foram-se espalhando pelo mundo, vestidos de aventais e controlando tudo aquilo que conseguem. Lideraram revoluções, fundaram países. Ainda hoje continuam a usar roupas pouco comuns e as reuniões são feitas em espaços com uma decoração um bocado para o esquisita – com símbolos milenares, colunas gregas e imagens de sóis e luas. Os “irmãos” comprometem-se a ajudar-se uns aos outros nas várias áreas em que actuam. São formadores de opinião e tudo o que acontece na loja maçónica – incluindo os misteriosos rituais de iniciação – fica na loja maçónica. Ou não. 

Os Illuminati. 13 famílias no topo de uma pirâmide satânica 

 

São Illuminati porque se consideram iluminados. Há uma pirâmide, como em todas as sociedades secretas, mas esta é comandada por 13 famílias – de que fazem parte banqueiros e empresários influentes, além de personalidades como Obama ou George W. Bush. Ninguém dá por isso, mas o grupo  – que, garantem alguns, é satânico – comanda o mundo. A importância dos discípulos de Satanás é de tal ordem nos Estados Unidos que a bandeira da América tem 13 linhas horizontais (esta parte é mesmo a sério) e o mesmo olho de Lúcifer que aparece no topo da pirâmide do “logótipo” da sociedade secreta está também estampada nas notas de um dólar. O pior inimigo dos Illuminati é, obviamente, a Igreja Católica. Mas pelo meio vão atingindo outros alvos. É-lhes atribuída responsabilidade na morte da princesa Diana e nos atentados do 11 de Setembro. “De todas as sociedades secretas que pesquisei, os Illuminati são de longe a mais vil”, diz a americana Sylvia Browne, autora do livro “As Sociedades Secretas Mais Perversas da História”. “Embora 75% do que se diz sobre eles seja especulação, preocupa-me os outros 25%.” 

Ordo Templi Orientis. Ou a secreta adoração do pénis 



A organização Ordo Templi Orientis (OTO) apareceu no início do século xx e ainda continua por aí. Os seguidores acreditam numa “nova era de princípios e práticas esotéricas em que os seres humanos alcançam o conhecimento total sobre a sua própria identidade.” Aleister Crowley, o famoso ocultista, sistematizou boa parte das crenças do grupo e escreveu o manifesto “Mysteria Mystica Maxima”. O mote da OTO, “faz o que tu quiseres, esta será a lei”, tornou-se popular. A seguir à morte de Crowley, o movimento perdeu influência, embora ainda conte com seguidores nos Estados Unidos, no Reino Unido e em outros países da Europa. Conta-se que o grupo defende práticas e crenças bizarras, entre as quais a fixação pelo sexo. A Ordo Templo Orientis tem até um conjunto de ensinamentos escritos sobre a “adoração do falo” e a “magia” da masturbação. Em 1969, membros da grupo  acabaram sentados no banco dos réus e foram condenado por abuso de menores e de tortura. A OTO está dividida em 11 graus e três círculos: externo, interno e secreto. Um dos estágios chama-se “bebé do abismo”.

POIS!